El pasado dos de agosto el periódico El Heraldo dio a conocer el estudio del Centro de Estudios Regionales del Banco de la República, según el cual “Con 40,7% de su población por debajo de la línea de pobreza, Barranquilla es la tercera área metropolitana con mayor porcentaje de pobres entre las trece principales del país. El mismo estudio estima que medida desde el indicador de costo de vida, Barranquilla es la ciudad con mayor porcentaje de pobreza”. Si a esto le agregamos que la pobreza absoluta en esta ciudad, según la Encuesta de Hogares del Dane, es de 9.9%, la situación se torna más dramática.

Al respecto, el mismo diario barranquillero decía en su editorial del día 6 de agosto que: “las realidades estadísticas sobre la pobreza en nuestro medio, que no disminuye pese a los avances recientes en infraestructura de desarrollo humano y servicios sociales, pone de presente la necesidad de buscar una virtuosa conexión de la acción del Estado y del empresariado a fin de reducir pobreza y desigualdad. Este debería ser también nuestro principal objetivo”.

A contrapelo de lo anterior, los medios de comunicación informaban el miércoles 24 de agosto pasado que el distrito de Barranquilla, en cabeza del alcalde Alejandro Char Chaljub, ganó el Premio de las Américas, en la categoría principal en la lucha contra la reducción de la pobreza, otorgado por la Cifal, organismo de las Naciones Unidas.

Se menciona por parte de funcionarios distritales la inversión social en educación y salud, entre otros, para tratar de justificar el aludido galardón. No hay discusión en estos aspectos en cuanto que se han inyectado importantes recursos en esos rubros; pero mirándolos en detalle podemos precisar que, en educación, una parte importante se ha dedicado a construir y dotar media docena de megacolegios para entregarlos a los mercaderes de la educación que contratan docentes a destajo y con salarios precarios, y, como si fuera poco, utilizando el distrito las ilegales vigencias futuras excepcionales por cuantías que rondan los cien mil millones de pesos durante doce años.

En cuanto a la salud, la administración Char cometió una de las mayores masacres laborales del país, con dos mil despidos, eliminó la red pública hospitalaria (IPS) llamada Redhospitales, construyó importantes infraestructuras bautizadas como Pasos y Caminos, para entregárselas al pulpo de Caprecom que hoy está colapsando en el país, por lo que la salud de los barranquilleros se encuentra en grave peligro.

Es bueno tener en cuenta la situación real que nos circunda para no tragar entero. Barranquilla requiere, como el país, un verdadero replanteamiento en cuanto al modelo económico neoliberal y las políticas sociales, porque lo que se observa es que la miseria de las mayorías tiene una cara oculta de la luna, el enriquecimiento desmedido de la plutocracia que nos desgobierna.

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