Hace seis años los compromisarios del Polo Democrático Independiente (PDI) y de Alternativa Democrática (AD) trabajaban intensamente sobre las bases en que se iba a sustentar la unificación de los dos grandes segmentos de la izquierda colombiana. Fueron nueve meses de discusiones amplias y fraternales, las que a la postre dieron resultados positivos al llegarse a un consenso en materia programática, el Ideario de Unidad, en las reglas de juego y normas de funcionamiento, los estatutos, y en el nombre, Polo Democrático Alternativo.

En la primera participación electoral de la nueva agrupación política en el año 2006 los resultados fueron auspiciosos: Carlos Gaviria Díaz alcanzó la mayor votación en la historia de la izquierda colombiana con cerca de 2.700.000 votos como candidato presidencial y en las de congreso se conformó un bloque parlamentario de lujo que dio los más resonantes debates confrontando las políticas reaccionarias de Álvaro Uribe Vélez y defendiendo los postulados en defensa de los intereses populares y de la nación.

Nadie puede olvidar que en el segundo cuatrenio uribista, desde el DAS, institución adscrita a la presidencia de la República, se montó una “empresa criminal”, según vocablos de la Fiscalía General de la Nación, cuyo objetivo era enlodar la imagen del Polo mostrándolo como cercano a las guerrillas y con acciones corruptas en la alcaldía de Bogotá, al cual había que dividir. De ahí surgieron las chuzadas contra sus dirigentes, lo mismo que contra magistrados de la Corte Suprema de Justicia y periodistas no adeptos al mandatario de turno. Prácticas dolosas que configuran delitos de lesa humanidad y que tienen en calzas prietas al primer anillo del ex inquilino de la “Casa de Nari”.

En los últimos tiempos se hicieron ostensibles los métodos abominables utilizados por el gobierno anterior (del cual hacía parte Juan Manuel Santos como ministro de Defensa)), que han sido objeto de sanciones penales, principalmente por la Corte Suprema de Justicia, en cuanto a la parapolítica, también llamada parauribismo, y la yidispolítica, en los cuales estuvieron implicados varias decenas de parlamentarios y dirigentes de los partidos de la U, Conservador, Cambio Radical, Liberal, entre otros. Pero también la Fiscalía General actuó en los casos de los “falsos positivos”, que pusieron en la picota pública mundial al Estado colombiano, y que según la oficina de la ONU en Colombia “fueron hechos sistemáticos” los asesinatos de civiles en condiciones de indefensión hechos por militares, quienes luego los mostraban como bajas en combate.

Y qué no decir de la corruptela oficial en la que están implicados dirigentes de los partidos tradicionales en las relaciones non santas con grupos como los Nule, hechura de Uribe Vélez y relacionados directamente con dirigentes de Cambio Radical y socios de Alex Char, quien ha convertido la alcaldía de Barranquilla en un negocio redondo para su núcleo empresarial.

En ese contexto se debe discutir lo sucedido en la administración de Bogotá, en lo cual el Polo ha admitido su responsabilidad política en lo que le compete, pero que las responsabilidades penales son de orden individual y las investigaciones están en curso, las cuales deben observar preceptos constitucionales como el debido proceso y la presunción de inocencia; además que la inmensa mayoría de tendencias que existen en el PDA no han tenido relación con estos asuntos.

Pero no. El establecimiento y sectores renegados la emprenden contra el Polo Democrático Alternativo. Lo quieren hacer aparecer como responsable del desastre nacional, de la corrupción, de muchos de los males centenarios del país, siendo un partido reciente, que no ha manejado los asuntos de Colombia, sino, por el contrario, y justamente por eso, porque está pugnando por un replanteamiento a fondo de la política nacional, del modelo neoliberal, por la recuperación de la soberanía, la producción interna y los derechos democráticos de la población. Por mantener esta posición enhiesta y de principios es que se explica la sevicia contra esta colectividad por parte de los detentadores del poder y sus nuevos prosélitos. En definitiva los enemigos de la nación fracasarán en los intentos de continuar saqueando y expoliando indefinidamente los recursos naturales y humanos del país y los sectores patrióticos, manteniendo el rumbo correcto del Polo, aprenderán de sus experiencias positivas y negativas para alcanzar la victoria.

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