La noche de navidad de 1951 permitió a los bereberes del desierto del Magreb, ver libre su territorio de la dominación italiana. A la monarquía que se instauró, le daría fin el golpe de estado que dio el coronel Gadafi en el año 1969, quien dirige desde entonces la nación Libia hasta nuestros días.
Una rápida lectura a la página de internet de Wikipedia sobre Libia nos sorprende: es el país con esperanza de vida más alta en África continental, con casi 78 años, dispone del PIB por habitante más alto del continente Africano, al igual que ocupa el primer lugar en índice de desarrollo humano de África.
Ubicada en el norte del África, bañada al norte por las azules aguas del mediterráneo, en su costado oriental adosada al misterioso Egipto, franqueada al occidente por Túnez y Argelia, al sur la envuelve de oeste a este Níger, Chad y Sudan, ha sido escenario de invasores y luchas por la libertad.
El islam alumbra el alma religiosa de los libios lo que determina unas costumbres extrañas para occidente, pero que aceran su espíritu de beduinos, inmersos en unas dunas estériles carentes de agua, pero henchidas en oro negro.
Alrededor de un plato de cuscús acompañado con seguridad por una porción de tajine, los habitantes de esas lejanas tierras, el lugar en donde se pone el sol, en las arenas que vieron caer al África Korps, el ejercito más moderno en su época al mando del general Rommel miembro de la élite del estado mayor nazi, a manos de las tropas aliadas dirigidas por Montgomery, con seguridad le darán una dura batalla a las tropas agresoras de la OTAN, que acudiendo al manido expediente del “apoyo humanitario” procuran justificar ante el mundo la intromisión indebida en los asuntos internos de un pueblo que tiene el derecho a decidir por sus propios medios, que camino quiere seguir. Si es la voluntad de los libios deponer a Gadafi, que sean ellos quienes lo hagan y no potencias extranjeras que arman a la oposición para simular una guerra civil.
No existe duda alguna sobre la verdadera naturaleza del ataque de las tropas Europeas y Norteamericanas contra Libia; el control de los quinientos millones de barriles de petróleo que anualmente produce su territorio y sus enormes reservas; de otra forma no se explica la diferencia de tratamiento que le dan a un país, que al igual que otros en el área, es objeto de una gran movilización de su población exigiendo cambios, manifestaciones que han sido objeto de violencia sistemática por parte de quienes no quieren abandonar las mieles del poder como en Túnez, Yemen, Bahrein, y el mismo Egipto.
A los bonzos que nos gobiernan y que aplauden los bombardeos contra las poblaciones de Trípoli y Bengazi, no se les ocurre pensar que en cualquier momento futuro de nuestra historia, con la excusa de combatir el terrorismo de la guerrilla o cualquier otra, esas mismas potencias validarían, a través de resoluciones de la ONU y aprovechando los medios de comunicación, acciones contra la integridad de nuestra nación, si ello les garantiza el control de los recursos naturales o mercado que sea significativo para sus negocios.
Al igual que ya ocurrió en Irak y Afganistán, los invasores tendrán que pagar un alto precio por pretender alterar la vida de esas comunidades, que pese a su atraso, disponen de una cultura arraigada en el alma de sus moradores, dispuestos a defender su modo de vida y los valiosos recursos que la naturaleza generosamente les brindó.
El desierto puede terminar convirtiéndose en el sepulcro de los imperios de hoy.