Los colombianos tenemos una contradicción antagónica con el sistema económico que nos ha impuesto Estados Unidos a través de la banca y los organismos multilaterales. Ese modelo neoliberal, aplicable tanto a nivel nacional como territorial convirtió a las sociedades cartagenera y bolivarense en “conejillos de indias” en cuyo laboratorio estrenaron todas las fórmulas que llevaron a enriquecer a pequeños y selectos grupos, convertidos en potentados económicos, en detrimento de las mayorías y del patrimonio público.

Esos dirigentes: entregaron Puertos de Colombia; privatizaron el astillero Conastil; adjudicaron Alcalis, emblema de la explotación de sal; a palo molieron a los trabajadores para concesionar a los españoles las Empresas Públicas Distritales, cuyas ganancias van a Aguas de Barcelona, que lleva ¡12 años! tratando de construir un Emisario Submarino; privatizaron el servicio de energía a través de Electrocosta, hoy Electricaribe; cerraron los hospitales: Universitario, San Pablo, Clínica de Leones y varios en otros municipios para entregarlos en concesión; cedieron la industria licorera de Bolívar. Como si esto fuera poco, Cartagena fue la primera que permitió la instalación de cinco peajes urbanos para estructurar un negocio llamado “Corredor de Acceso Rápido”, maquillaje a unas vías convertidas en el “Corredor de la Muerte”. Por último concesionan los Megacolegios y finiquitan el negocio que les armaron a unos cuantos amigos alrededor del famoso Transcaribe, que lleva ¡seis años! en construcción.

Metieron el cuento que el sector privado es más eficiente y menos corrupto que el público, como si para que exista un corrupto público no se necesitara de un corrupto privado; estos dirigentes no observan el ejemplo de los antioqueños, que no permitieron privatizar a EPM, que hoy presta servicios de agua, luz, teléfono, gas, internet, televisión, etc y cuyas utilidades anuales cercanas a un billón de pesos van a parar a la población. Mientras tanto Cartagena y Bolívar al quedarse sin ingresos recurren a vender el resto del patrimonio; ahí tiene origen la propuesta del Plan de Desarrollo Distrital de enajenar a Tierrabomba en $500 mil millones y el proyecto de acuerdo que discute el Concejo Distrital con el eufemístico objetivo “Por medio del cual se reglamentan las actividades…, que podrán adelantarse en las franjas de playas, ubicadas en el Distrito de Cartagena…”

Al analizar la exposición de motivos de la alcaldesa Judith Pinedo, en consonancia con el proyecto, encontramos que su filosofía, justificada en una reorganización que todos compartimos, es más con el objetivo de entregarlas en concesión o privatizarlas que cualquier otra cosa. Dicen los documentos que una “licencia de ocupación del espacio público para la localización de equipamiento es la autorización para ocupar una zona de cesión pública o de uso público con edificaciones destinadas al equipamiento comunal público”. Agrega que “los municipios y distritos determinarán el máximo porcentaje de las áreas públicas que pueden ser ocupadas con equipamientos. En ese mismo sentido el sector privado también puede tramitar licencias de intervención del espacio público y de ocupación temporal de playas marítimas y terrenos de bajamar, sin perjuicio de las concesiones, permisos o autorizaciones cuyo otorgamiento le corresponda a la Dirección General Marítima –Dimar– o al Instituto Nacional de Concesiones –INCO-; …en materia de Playas corresponden al Alcalde Mayor o su delegado: Otorgar los permisos para la ocupación de playas, con fines turísticos, culturales y artísticos o recreativos…el aprovechamiento del bien de uso público, en este caso de las playas marítimas, esto es la facultad de otorgar concesiones, las cuales deben sujetarse al Plan de Ordenamiento Territorial”. ¡Esa es la verdadera intención del proyecto de la alcaldesa!.

Jamás se podría estar en desacuerdo con el orden y la organización en nuestras playas, pero no debemos olvidar que el gran anhelo de los operadores turísticos es tener “nuestra playa”, de hecho algunos se las apropiaron y no permiten el tránsito de nadie por ellas, mientras tanto, con el cantautor Emilio José, a quien le rapté el titulo de este escrito “La playa está dormida y en su silencio”, pregunto: ¿dónde se encuentran las fuerzas vivas de la ciudad para defender este patrimonio nacional?

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