Se levantó de su tumba,
Lo alzaron de la piedra momia
Donde durmió pereciendo siete días
Para resucitar
Entre el hambre y la muerte.
Se alzó de la muerte,
Pequeño despojo
Del ansia de la tierra,
Del ansia de los devoradores
De su tierra.
Alguien, un hombre bueno,
Lo izó de su fosa adventicia,
Ante una multitud
Molida, dolida,
Destrozada.
En medio del triunfo de
La más grande trastada
El alzó, abrió sorprendentes brazos,
Brazos de niño negro
Perviviente del terremoto
Y de las invasiones.
Entonces la multitud rugió
Y por un instante premonitorio venció.