En el caso de Libia, como muy bien explica y demuestra Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, en su libro La tiranía de la comunicación, se debe partir de que los medios de comunicación masivos, no son de confiar a la hora de informarse, interpretar y extraer conclusiones. Los mass media son monopolios con sede en las metrópolis, manipulan la información acorde con los intereses económicos y políticos del capital financiero y las potencias del capital, y, por sobretodo, mienten.
Sin tener elementos suficientes para opinar sobre la situación interna de este país ubicado sobre el Magreb y a orillas del Mar Mediterráneo, patria de Anibal y de Omar Mukthar “El león del desierto”, primer país africano en deshacerse de la dominación de la dominación colonial, son de bulto las siguientes observaciones ante la satanización de que es objeto.
1) Libia es el país con mayor producto per cápita, mayor esperanza de vida y el de mayor índice de desarrollo humano, y el segundo en poder adquisitivo de África, lo cual contrasta en especial con los países vecinos, en los que recientemente hubo revueltas, destacados todos por sus altos índices de concentración de la riqueza y pobreza, después de muchos años de aplicar el recetario neoliberal. También es Libia el país de mayoría musulmana que más ha avanzado en los derechos femeninos.
2) Libia tiene una estructura de gobierno extraña para quienes equivocadamente consideran que sólo existe una democracia, la “occidental”, y, en especial, la excluyente de Estados Unidos, donde nunca un tercer partido ha logrado un escaño en el congreso. En Libia, desde la cúpula del poder hasta los 26 municipios y los ministerios, están gobernados por cuerpos colegiados, a la vez ejecutivos y legislativos.
3) Libia es uno de los mayores productores de petróleo (1’300.000 barriles diarios) y es dueño de una de las mayores reservas de petróleo del mundo (el tercero de África), todas en poder del estado, y entre sus pecados cuenta el haber sido fundador de la OPEP, donde ha promovido medidas de restricción del libre mercado, a partir del hecho de que el petróleo no es un recurso renovable. Valga anotar que en Colombia, con exiguas reservas petroleras, estamos entregando, al malbarato, el combustible fósil a las transnacionales, en el apogeo de los precios internacionales y condenándonos a importar combustibles en un futuro mediato.
4) En los recientes sacudones del norte africano, quienes tienen mayores riesgos son las potencias europeas y los Estados Unidos, condenados a importar petróleo por las características de sus instalaciones industriales y del consumo irracional. Esto para no extendernos en el hecho de que Estados Unidos perdió un importante cómplice político con la caída de Mubarak, quien les permitía el control del Canal de Suez y apoyaba al Estado de Israel. La conmoción generalizada en norte africano fue aprovechada por las potencias para fabricar un levantamiento en Libia y recomponer el tablero geopolítico.
5) Contrasta la eficiencia, velocidad y fuerza de la respuesta “humanitaria” de la ONU, Estados Unidos y Europa, en Libia, con la alcahuetería exhibida frente al Estado de Israel, el cual ha sido reconvenido y sancionado en varias resoluciones de papel, pero el cual, impunemente, despliega el terrorismo de estado contra el pueblo palestino y que, en particular, ha creado el campo de concentración más grande del mundo: La Franja de Gaza.
6) Es tragicómico que Estados Unidos, Francia e Inglaterra pretendan erigirse en campeones de la protección a la población civil, cuando apenas se lloran los muertos de la invasión a Irak, y se cuestiona la intervención “humanitaria” en conflictos como el de los Hutus y los tutsi. A propósito ¿Quién los ungió como mesías de los pueblos del mundo?