Aclaro que no se trata de una propiedad privada, ni más faltara. Intentaré hacer una caracterización de las mujeres colombianas, un homenaje a sus luchas en la conmemoración de su día internacional el 8 de marzo, celebrado hasta por Naciones Unidas y en muchos países decretado como fiesta nacional.
Según la ONU “cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de cerca de cien años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo”.
Su conmemoración tiene antecedentes desde 1909 pero en 1911 se extendió a Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. El hecho lo marcó el 25 de marzo de este año, cuando más de 140 jóvenes trabajadoras murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en Nueva York, suceso que tuvo grandes repercusiones en la legislación de los Estados Unidos. En las celebraciones posteriores del Día de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron a este crimen. Posteriormente, Europa y Rusia adoptaron el 8 de marzo en 1914.
Ellas luchan por liberarse de la ignominia que les imponen y buscan recuperarse de esa esclavitud; encuentran apoyo en el pensamiento de Marx: “La mujer es un ser libre e inteligente, y como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre; si esto es así, lo necesario es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades. Si relegamos exclusivamente a la mujer a las funciones domésticas, es someterla a la dependencia del hombre, y, por lo tanto, quitarle su libertad. ¿Qué medio hay para poner a la mujer en condiciones de libertad? No hay otro más que el trabajo”.
Sus luchas son las mismas que las del hombre contra la pobreza, desigualdad social, iniquidad, desempleo, explotación, con la connotación de que cumple un doble papel en la función reproductiva. También dice Marx: “En relación con la mujer, como presa y sierva del placer de la comunidad, se expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para sí mismo; porque el secreto de esta relación encuentra su expresión inequívoca, abierta y manifiesta en la relación del hombre con la mujer y en la forma en que se concibe la relación directa y natural de la especie”.
“Nuestras mujeres” luchan contra el modelo económico neoliberal, ante la privatización de derechos fundamentales que induce más a la descomposición familiar; la imposición de modos de producción que la convierten en esclava de mano de obra barata, incluido el arrasamiento del sector agropecuario; todo esto las obliga a conformar ejércitos de desempleados, un paso más cerca a la pobreza, la mendicidad y la prostitución. Su lucha no es por derrotar a los hombres sino a quienes detentan ese poder que domina e impone desigualdades entre los humanos. Por eso ha hecho parte de los procesos de transformación.
Es cierto que “nuestras mujeres” merecen igualdad de oportunidades, pero el imperialismo, a través de sus multinacionales, mantiene lo que Francisco Mosquera denominó su idiotización “con el halago de que ella es la reina consentida del hogar”, lo que además de escucharse ya bastante ridículo, ha demostrado su ineficacia en tiempos modernos. El sexo femenino comienza a preferir que se le trate con menos fingimiento y vana galantería, e incluso trabajar lo duro que sea, con tal de ganarse el pan por sus propios medios, alcanzar su independencia de acción, integrarse a las actividades sociales y convertirse realmente en un ser digno y útil”.
En la sociedad colombiana la historia de los derechos de “nuestras mujeres” está plagada de hechos: Sólo hasta 1932 se suprimió el tutelaje del marido sobre la esposa; en 1936 se le autorizó a desempeñar cargos públicos; en 1945 le entregan la ciudadanía pero prohíben votar y ser elegida; en 1954, Rojas Pinilla le concede el derecho al voto mas no les permitió ejercitarlo; en 1974 les extienden la patria potestad y en 1976 se instituye el divorcio civil; finalmente, solo hasta 1980 se derogó la “pena de muerte para la esposa infiel”, a quien se le podía quitar la vida en “defensa propia”. Estos hechos son algunos de los principales triunfos en la lucha por sus derechos.
¡Ay, mujeres, ustedes son la mitad del cielo y nosotros, los hombres, constituimos la otra mitad!