En diciembre del año pasado quedaron diseminados por la Bahía de Cartagena y aguas afuera, hasta en Panamá, 4 kilómetros más 320 metros de tubos que un consorcio de firmas encabezadas por Edt Marine Construction transportó desde Noruega hasta Cartagena, para la instalación del Emisario Submarino. El contrato se hizo por 57 mil 576 millones de pesos, de los cuales les anticiparon 45 mil millones, casi 80 por ciento del costo de la obra. Los rubros de seguros de responsabilidad extracontractual, salarios y estabilidad máximo cubrirán 25 por ciento del contrato, es decir, unos 14 mil millones de pesos.

En esta ciudad es denominador común “el miti – miti” en la contratación pública, ha sido costumbre que se paguen contratos y nadie responda por las obras. La situación forzó al menos el anuncio de sendas investigaciones del Contralor Distrital, Hernando Sierra Porto, y de la Personera de Cartagena, Olimpia Buelvas. ¡Aún esperamos sus resultados! En esto me declaro escéptico porque la norma es el saqueo del erario sin rastros de los responsables y la excepción es el cumplimiento.

La construcción del Emisario Submarino tiene sus raíces en el “Plan maestro de aguas” que por 240 millones de dólares se comprometió la ciudad bajo la financiación del Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y Aguas de Cartagena con aportes de los gobiernos Nacional y Distrital. Es bueno acotar que con la caída de la Tasa Interna de Retorno de los capitales en los países dominantes han salido a buscar mercados que les represente altísimas utilidades, eje central de la actual globalización neoliberal, por ello recurren a megaproyectos tanto regionales –caso Plan Puebla Panamá- y domésticos como Sistema Integrado de transporte Masivo – Transcaribe-; las obras están concebidas para beneficio de los capitales más que de las poblaciones.

Por eso el Emisario Submarino fue una imposición de la banca multilateral. Cuando se trató de hacer una oposición a muchos dirigentes sociales los llevaron en una buseta a otra ciudad y se quedaron callados. Según la concepción original la tubería del Emisario consiste en 20.5 kilómetros terrestres que recogen las aguas y la depositan en una Planta de Tratamiento Preliminar, de ésta parten los 4.320 metros aguas adentro del mar con una profundidad de 20 metros hacia donde expulsará todas las excretas recogidas. Su costo inicial es de 23 millones de dólares. Se sustentó en la teoría “que no tendrá efectos ecológicos en el mar porque la introducción de nutrientes y materias orgánicas es beneficioso y el mar las requiere para restablecer la cadena alimenticia para la subsistencia de sus organismos vivos”.

El debate fue truncado de un plumazo, no se consideró ni siquiera la posibilidad de las lagunas de oxidación que “son excavaciones de poca profundidad, donde se desarrolla una población microbiana de bacterias, algas y protozoos que conviven en forma simbiótica y eliminan de manera natural patógenos relacionados con excrementos humanos, sólidos en suspensión y materia orgánica. Es un método fácil y eficiente para tratar aguas residuales provenientes del alcantarillado sanitario. Este sistema es efectivo y de bajo costo, tiene muchos años de funcionar exitosamente en Estados Unidos, Europa y Centro y Sur América. Las lagunas de oxidación son particularmente apropiadas por su método sencillo para construirlas, mantenerlas y lo principal sus aguas son reutilizables”. Esto demuestra que no es cierto que se haya decidido lo mejor para el interés general y ambiental de la ciudad, sino para quienes armaron el negocio.

Los organismos de control de Cartagena están en mora de aclararnos que sucedió con esta contratación. Quiénes responden por el posible daño medioambiental en las aguas del mar; cuál es la responsabilidad de Aguas de Cartagena, -constituida: 50% por el Distrito, 46% Aguas de Barcelona y 4% otros inversionistas privados, la expansión de obras las hace el Distrito pero no informan públicamente de sus balances-, encargada de la mayoría de obras del Plan Maestro; qué empresa, recomendada por quiénes, recibió la tubería al consorcio internacional; y quiénes responden por sobre costos y la recuperación de dineros en camino a perderse, como ha sucedido en la mayoría de las obras en esta ciudad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *