El campo, la infraestructura, la vivienda, la minería y la innovación fueron anunciados por el gobierno de Juan Manuel Santos como las cinco locomotoras que harán despegar la economía colombiana, despegue que, por lo afirmado el siete de agosto, no pudo lograr en sus ocho años la seguridad democrática de Álvaro Uribe.
A más de ciento cuarenta días de haberse posesionado el actual gobierno el motor de arranque de las locomotoras se encuentra averiado, paralizado, y los vagones de la industria y el comercio serán difícil moverlos si éstos no se ponen en movimiento.
Las causas de la parálisis son internas y externas, y no se les ve solución a la vista. La ola invernal que azota al país no cesa y el pronóstico es que continuará. La falta de plata es notoria, este es un país con déficit fiscal crónico. Y la crisis económica mundial no se le ve mejoría alguna, fundamentalmente la recesión de la economía norteamericana, que está sumida en una de sus peores crisis.
La única, y de la cual no habla el presidente, que anda a todo vapor, a toda velocidad, utilizando toda su capacidad instalada es la sexta locomotora. Esta maquina está en estos momentos bien aceitada. Está trabajando normalmente. El operario que tiene al frente la conoce en todas sus intimidades. Y aunque es vieja se ha venido renovando con el paso de los años. Tiene sus resabios y sus mañas pero funciona. Aunque algunas pocas piezas tratan que los productos elaborados sean de optima calidad y beneficien a la mayoría de los consumidores, y por mucho que se insinué y se demuestre la necesidad de un nuevo diseño, ésta al final produce “mercancías” sobre pedidos y a la medida de uno cuantos. Cuando no le suministran la cantidad de combustible necesaria para su funcionamiento, entonces si elabora productos desperfectos, dañando mucha materia prima. Esa locomotora es el congreso de la república.
No se puede concebir la “prosperidad democrática” sin esta locomotora. El “buen gobierno” necesita una legislación para implementar “sus” determinaciones económicas, políticas y jurídicas. Si necesita apropiarse de los dineros de los departamentos y municipios productores de recursos naturales, ahí está la sexta locomotora tramitando el acto legislativo que modifica el régimen de las regalías. Si necesita negarles los derechos a la salud a los colombianos, nuevamente la sexta locomotora está ahí para aprobar la ley ordinaria de salud. Si necesita que nadie le imponga gasto, excepto el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, ya sea la Corte Constitucional, Tribunales o Jueces Especializados a través de tutelas y acciones de grupo, la sexta locomotora dice presente, aquí está cursando favorablemente el acto legislativo que eleva a rango constitucional la sostenibilidad fiscal. Si desea que los colombianos no utilicemos la tutela para reclamar nuestros derechos, tranquilo presidente, eso esta amarrado con la sostenibilidad fiscal y la sexta locomotora la va a votar favorablemente. Si a los grandes industriales hay que otorgarles más gabelas a las ya existentes, la sexta locomotora acaba de aprobar la mini-reforma tributaria que los exonera del pago de la sobretasa al consumo de energía.
Todo parece indicar que la velocidad de la sexta locomotora es de más de ciento cincuenta kilómetros por hora. A esta velocidad va arrasando con todo lo que encuentra en el camino, y como es una máquina vieja va a dar todo de si en estos momentos antes que sufra una avería. Los colombianos debemos tratar que este tren se descarrile para que no nos cause más daño del ya ocasionado.