Desde el pasado 12 de Octubre millones de franceses vienen protagonizando numerosas protestas en contra de la reforma a las pensiones del gobierno Zarkozy. Las protestas, que han movilizado a cerca de 3, 5 millones de personas en jornadas de huelga general que se renuevan cada 24 horas según informa la CGT, han causado en el país una parálisis de grandes proporciones: 500 institutos de educación han suspendido su calendario académico; 9 refinerías del país están en huelga; 1000 gasolineras tienen problemas de suministro de combustible, entre otros.

La huelga (la novena del año), concentra a los obreros portuarios, a los camioneros, a los trabajadores de las petroleras y a los estudiantes, éstos últimos, quienes han engrosado las filas del movimiento y han animado poderosamente la lucha en las ciudades de Marsella, Lyón, París, y, en quienes se renueva la esperanza de la victoria del pueblo trabajador.

Son innumerables los actos de apoyo. Se estima que más del 66% del pueblo está a favor de la huelga. En el caso de los estudiantes, por ejemplo: 83 universidades y 350 institutos de educación secundaria están por la huelga y, en contra de lo que consideran es una ofensiva más del capitalismo mundial por eliminar los derechos acumulados de la clase obrera. Lo que está en la mesa con la reforma a las pensiones, dicen algunos trabajadores y estudiantes: “es el plan neoliberal de recorte a salarios, pensiones, contratos y vacaciones”; plan que el gobierno “Sarko” intenta instituir desestimando las protestas, por lo que crece la resistencia civil de sectores que se unen en una voz general: “Non a la reforme”

La reforma al sistema pensional en Francia, una de las muchas que vienen impulsándose a escala global por el sistema financiero internacional desde hace lustros y que se han intensificado en Europa a raíz de la crisis económica de 2008, tiene como propósito hacer que la recuperación del sistema bursátil corra por cuenta de los trabajadores a costa de una mayor explotación y empobrecimiento. Frente a esta pretensión se ha abierto el mayor embate en Europa: España, Grecia, Portugal, Irlanda, Francia… han reportado grandes convulsiones sociales en lo corrido del año frente a las medidas gubernamentales de “austeridad”. Pero es en Francia, donde la lucha ha tomado un clímax sorprendente, tanto, que algunos titulares de prensa señalan: “La aldea gala se rebela contra el imperio”, “Bienvenida sea la lucha obrera “salvaje” en Europa”, “El incendio social francés” y “La huelga contra la reforma de las pensiones enciende a Francia”. Las jornadas, refiere el ex primer ministro Dominique Villepin: “Recuerdan las protestas estudiantiles de 2006 que obligaron al gobierno a retirar la polémica ley de contratación laboral” […] “Hay que sacar lecciones de la experiencia… Mayo del 68 también permanece en la mente de todos”. Hasta la fecha las protestas continúan; mientras tanto, el gobierno declara que seguirá “hasta el final” con la reforma, a la cual considera “de justicia social”, y que no hará “ninguna concesión más”.

Las jornadas de protesta en Francia constituyen un hito de la lucha y la resistencia en defensa de los derechos civiles y democráticos de la clase obrera. Sus enseñanzas han sido aleccionadoras, especialmente para aquellas naciones que, como la nuestra, son objeto de reformas neoliberales. Su importancia radica no sólo en ejemplarizar la resistencia civil contra la dictadura financiera de los bancos, sino en dar cuenta de una decidida lucha en la que el pueblo paraliza la producción, la economía, las finanzas y el gobierno.

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