Juan Manuel Santos ha expresado en numerosas ocasiones que su gobierno seguirá “los lineamientos de confianza inversionista del gobierno del presidente Uribe” (discurso de posesión). Para los trabajadores, esta afirmación significa más recortes de sus derechos, dado que no puede haber confianza inversionista (neoliberalismo) sin mano de obra barata.
Con fundamento en la confianza inversionista, el gobierno anterior redujo la indemnización por despidos sin justa causa y la remuneración por horas extras, trabajo nocturno y dominical; fomentó la tercerización a través de cooperativas de trabajo asociado, contratos sindicales y empresas de servicios temporales; facilitó la persecución sindical; eliminó el contrato laboral para los aprendices del Sena y golpeo la salud y las pensiones de los trabajadores. Todo esto significó que, mientras entre 2001 y 2009 la productividad laboral creció anualmente en un 2,64%, los salarios sólo lo hicieron en un 1,68%. Es decir, la remuneración de los trabajadores creció por debajo de lo que aumentó la riqueza que produjeron.
Juan Manuel Santos representa la continuación y profundización de esta política. Para cumplir con estos propósitos, el presidente Santos necesita cambiar el estilo de gobierno de su antecesor para aparentar ser diferente y poder cooptar al movimiento sindical. En este objetivo encajan su vicepresidente Angelino Garzón y los acercamientos con el secretario general de la CGT, Julio Roberto Gómez.
Angelino Garzón demostró ser una ficha del establecimiento cuando le aceptó a Andrés Pastrana el Ministerio del Trabajo. No es posible defender los intereses de los trabajadores y al mismo tiempo hacer parte de un gobierno que, con hechos tan repudiables como la aceptación del Plan Colombia y la sumisión frente a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, le entregó el país a Estados Unidos. Estando como gobernador del Valle, Garzón no se pronunció contra las condiciones de esclavitud de los corteros de caña y acompaño a Álvaro Uribe a defender el TLC ante el parlamento de Estados Unidos. Después, como embajador especial de Álvaro Uribe ante la OIT, defendió abiertamente la mentira que Colombia es un país en progreso en materia de derechos humanos y libertades sindicales.
La historia de Julio Roberto Gómez también está llena de posiciones contrarias al interés de los trabajadores. En 2008 respaldó las movilizaciones de los Ingenios Azucareros contra la huelga de los corteros de caña, ha favorecido el paralelismo sindical en el carbón, el petróleo, los textiles y el banano, entre otros. Es un defensor acérrimo del contrato sindical, figura que, además de profundizar la tercerización, convierte a los sindicatos en patrones de los trabajadores. Apoyó la candidatura de Santos y Angelino y favoreció la exclusión de Colombia de la lista de países violadores de las normas laborales y los derechos humanos en la OIT a cambio de la visita de una Comisión de Alto Nivel. Julio Roberto hace parte del Consejo de Administración de la OIT.
Juan Manuel Santos es personero de las políticas de libre comercio que han destruido a Colombia. Como ministro de comercio de Gaviria, de hacienda de Pastrana y de defensa de Uribe, se destacó por lesionar los intereses de la nación y actuar como agente de quienes se han beneficiado del sufrimiento de los colombianos. En su presidencia, no sólo ha manifestado que mantendrá aberraciones como la tercerización laboral y el recorte de la remuneración por trabajo nocturno y dominical, sino que también intentará saltarse la barrera del salario mínimo so pretexto de formalizar el primer empleo, afianzará el contrato sindical e intentará empeorar aún más las condiciones de trabajo con los Tratados de Libre Comercio.
Ante este intento de engaño y cooptación, los trabajadores deben fortalecerse ideológicamente y responder con organización y movilización. Como lo ha expuesto la Central Unitaria de Trabajadores, “la demarcación del santismo con el uribismo no puede llamarnos a engaño y hace parte del juego frente al gobierno de Juan Manuel Santos”. Por eso, la única opción de los trabajadores es la oposición. Comprender a cabalidad esta cuestión es esencial para avanzar en la transformación de Colombia, objetivo en el que el movimiento sindical juega un papel trascendental.