Al acabar la Universidad uno vuelve, una vez más, a ser primíparo. Como un neonato se puede sentir un egresado cuando es arrojado abruptamente, casi sin darse cuenta, de ese útero lleno de seguridades y mundos teorizados llamado universidad, al mundo del trabajo. Cabe preguntarse ¿Qué papel juega en ese mundo laboral las Instituciones de Educación Superior y el tipo de profesionales que forman?

En la actualidad es bastante difícil el panorama si se considera que agosto del presente año- según la última medición disponible- el 11,8% de los colombianos en edad laboral no encontraron trabajo (DANE. Página de inicio. “indicadores”) , y que la propuesta del gobierno anterior de reducir esta cifra a un digito se quedó en promesa de época electoral. También debe considerarse que el 20% de jóvenes con edades entre los 14 y los 26 años -rango en el que se toma la muestra-, se encuentran en situación de desempleo (El Tiempo. Clasificados “¿Educación para el mercado laboral?” Edición impresa, pág. 2 domingo 14 de febrero de 2010).

Las cifras oficiales hacen parecer optimista el comentario de cafetería según el cual “hay mucho profesional que sale de la universidad y le toca ponerse manejar taxi”; el último estudio de informalidad del DANE revela que uno de cada tres empleados en la informalidad laboral, es decir aquellos que viven del “rebusque”, cuentan con educación superior (DANE. “Mercado laboral, informalidad, histórico 2007-2010”. En: http://www.dane.gov.co/daneweb_V09/).

En este mismo sentido el panorama laboral para los recién egresados no varía en lo que a brecha entre géneros se refiere. El estudio de Barón (Banco de la República 2010) revela que un hombre profesional recién titulado gana en promedio $1,400.000 -cifra de por sí optimista-, mientras que una mujer alcanza a devengar una cifra que ronda $1,200.000. Esto pone la brecha salarial en un índice del 15%.
Con este estado de cosas, no es una exageración catalogar como delicada y desesperanzadora la situación laboral para el fragmento poblacional de la juventud recién egresada de la educación superior. La decepción que se puede llevar un padre luego de invertir, en el caso del Externado, más de 60 millones de pesos en la educación de su hijo y constatar las mencionadas dificultades debe ser mayúscula. Ahí surge la pregunta propuesta: ¿para qué sirve ser profesional?
Ante este desolador problema el actual gobierno puso en trámite la renombrada “ley de primer empleo y formalización”. Esta ley ha encontrado poco respaldo por parte de economistas ortodoxos y de académicos de toda índole. En la Universidad Externado, el observatorio laboral en voz de su director, Stefano Farné, (El Tiempo, sep.25.10) ha cuestionado los propósitos del gobierno presentando un proyecto que en su aplicación en otros países de la región ha carecido de efectividad en los alcance de sus propósitos. De otra parte, las críticas de Alejandro Gaviria, Decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes -habitualmente en la línea económica del gobierno- dejan en mala posición la solidez de los argumentos del ejecutivo. Es posible afirmar entonces como bien lo haría a su estilo vetusto Godofredo Cínico Caspa: “se pifiaron estas neo lumbreras neoliberales”.

Esta penosa realidad es producto en gran medida de las políticas de liberalización de mercados y capitales introducidas en Colombia desde el año 90, acompañadas de lo que se conoce como la “teoría del Estado mínimo”, que ha llevado además a una progresiva desindustrialización del país haciéndose cada vez más difícil conseguir estabilidad laboral y una adecuada retribución salarial gracias a las reformas que desde ese año se han llevado a cabo, y que han brindado una serie de beneficios sobre todo de tipo tributario a las grandes empresas, por ejemplo con la figura fiscal del “trato nacional” que cobra a extranjeros como si fueran colombianos, en detrimento del bienestar de los trabajadores.

Resta por decir que en todo este meollo no se puede dejar de lado la consideración de las universidades como lugares de reproducción social y de duplicación ideológica. ¿Qué tipo de profesionales se forman en nuestras aulas?, ¿profesionales críticos, o nuevas lumbreras que saldrán a reivindicar un status quo de por sí oprobioso para las mayorías de colombianos que viven en la pobreza o que en el mejor de los casos en el rebusque? La Universidad tiene una labor social incuestionable más aún en una época que presenta tantos retos y compromisos para la juventud actual.

Postre postrero: en 2006 la juventud Francesa se levantó tal y como lo está haciendo en estos días agitados a causa de la reforma a la edad de jubilación que quiere hacer el gobierno de “Sarko”. En esa ocasión el origen de las movilizaciones que bloquearon el país y que hicieron finalmente al gobierno recular, fue una ley similar a esta que nos presenta el gobierno Santos; ojalá la juventud se concientice de la importancia de la movilización social, y engrandezca el movimiento estudiantil que por el momento está enfocado en la defensa de la Educación pública (reforma que se viene a la ley 30), pero que es su momento tendrá que ocuparse también de estas leyes polémicas e insuficientes como la reducción de (más) impuesto que traerá la aludida ley. Esos ejemplos es perentorio seguirlos.

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