Señor Doctor

ALVARO URIBE VELEZ
Presidente electo de la República de Colombia
Bogotá

Señor Presidente:

Se volvió costumbre, desde que sobrevino la crisis del café a raíz del rompimiento del Pacto de Cuotas, que los candidatos presidenciales vengan a la zona cafetera en época de campaña, prometan el oro y el moro a los cultivadores del grano y, luego cuando se posesionan, se olviden de lo ofrecido. Un caso notable es el del gobierno saliente, que se obligó a “volver a la bandeja paisa”, como forma de referirse al cierre de importaciones de productos agropecuarios, y terminó, a comienzos de 2000, proponiendo hasta la compra de café en el exterior. Los caficultores para alcanzar sus justas peticiones tuvieron que movilizarse organizadamente en distintas expresiones de protesta pública, como el Paro Nacional Agropecuario del 31 julio y primeros días de agosto de 2001.

Pese a lo conseguido, en buena medida gracias a esta digna actitud gremial, la situación del café colombiano es cada vez más dramática. En este año, los mismos factores que llevaron a que el 2001 fuera llamado “el peor de la historia del café”, se han agravado. Los precios internacionales por libra han bajado en promedio de 70 centavos de dólar y el precio interno actual, en términos nominales, es el menor desde 1.997. Tan desastroso será lo acontecido que una frase de Juan Manuel Santos, connotado ministro neoliberal, pronunciada en mayo pasado ante el Consejo General de la OIC, puede explicarlo: “No vacilo en afirmar que para los productores de café la llamada globalización ha fracasado”. Y las causas no son extrañas: la ambición de los monopolios multinacionales comercializadores y torrefaccionadores llevó a la quiebra a millones de productores en el mundo. Validos de la sobreproducción y del neoliberalismo, envilecieron el precio. Es tan escandaloso que, según las Naciones Unidas, los gobiernos de los países consumidores recaudan por concepto de impuestos a las ventas relacionadas con el café nueve veces lo que los cultivadores del mundo reciben como pago.

La UNIDAD CAFETERA ha insistido en que su principal actividad gremial actual es la resistencia contra las políticas neoliberales, que también se han incubado en el manejo interno de la economía cafetera para estar a tono con las que externamente rigen el negocio. Las secuelas no son pocas: las instituciones, pieza clave en la defensa de los productores, están casi exangües y no puede ocultarse que uno de los principales males fue la revaluación del peso que le drenó recursos por más de 4.000 millones de dólares al Fondo del Café. El deterioro del ingreso cafetero redujo la capacidad adquisitiva en diez años a la mitad y sobre los patrimonios familiares de muchos pesan costosas deudas fruto de continuas refinanciaciones. La instalación productiva está afectada y la broca sigue incontrolable y daña varios millones de arrobas. Ni la más sencilla de las economías campesinas cafeteras recupera los costos de producción y apenas alcanza muy bajos consumos para recuperar la fuerza de trabajo familiar invertida.

Por esto, la UNIDAD CAFETERA desea expresarle que mantiene en alto su programa de cuatro puntos principales, definido desde que se inició bajo la dirección de Fabio Trujillo Agudelo. Este programa no se abandonará bajo ninguna circunstancia y a él, como se ha hecho en el pasado, se le agregarán otros que en cualquier coyuntura se consideren urgentes. Esos cuatro puntos son:

· Una política de precio interno que asegure un ingreso remunerativo y estable para los caficultores colombianos.

· Defensa de las instituciones cafeteras, que significa no permitir su eliminación o debilitamiento y, por el contrario, su fortalecimiento para que puedan brindar al sector los apoyos necesarios que garanticen la actividad y la sustenten

· Condonación de las deudas que amenazan el patrimonio de miles de familias.

· Apoyo a las labores de renovación, de crédito oportuno y barato y medidas que ayuden con eficacia a la difícil lucha de los productores contra la broca y la roya.

El subsidio al precio (o AGC), fruto de las acciones adelantadas por los cafeteros, ha de ser una política de Estado y no puede usarse como medio de distracción o como un mero formalismo; es indispensable que sea un soporte suficiente para garantizar la viabilidad de los productores. Por ejemplo, la suma que se está entregando hoy no consulta las necesidades de ingreso de muchos de los grupos que forman la caficultura nacional.

Ante la ofensiva de las corrientes neoliberales que propagan la circulación plena de mercancías como credo, la UNIDAD CAFETERA ha declarado su total oposición a la pretensión de importar café a Colombia y, como miembro de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, también rechaza las compras en el exterior de los demás productos agropecuarios y de alimentos que han llegado a superar hasta los 7 millones de toneladas anuales.

De lo anterior puede inferirse que las preocupaciones de los cafeteros coinciden con las de los demás productores agropecuarios de Colombia en torno a la implantación del ALCA, el Área de Libre Comercio de las Américas, del que se sabe con certeza que establece condiciones inicuas para los sectores productivos nacionales en un proceso que puede llevar a la desaparición de muchas de las ramas que todavía persisten en nuestra economía. La avicultura, el azúcar, el arroz y también el café, entre otros, se verán muy comprometidos con ese proyecto y es previsible que los resultados sean peores que los vividos con las políticas aperturistas de los últimos años. Del mismo modo, los cafeteros sufren con los demás habitantes rurales los efectos de las altas tarifas derivadas de las privatizaciones de los servicios públicos, los impuestos prediales costosos, las estratificaciones y reestratificaciones y la carga de nuevos gravámenes como la tasa retributiva.

Señor Presidente, la XI Asamblea Nacional de Delegados de Unidad Cafetera que hoy se reúne en Pereira decidió enviarle esta comunicación con el interés principal de consignarle lo que consideramos fundamental en la defensa de la caficultura colombiana, reiterándole que es primordial confrontar las maniobras especulativas y de fomento a la sobre producción que los Estados Unidos y los denominados países desarrollados adelantan. Los principios antes expuestos han sido la causa de nuestra organización y por ellos nos hemos movilizado durante más de una década desde que esta organización fuera fundada.

Atentamente,

XI ASAMBLEA NACIONAL DE DELEGADOS DE UNIDAD CAFETERA

Aurelio Suárez Montoya, Presidente

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