José Amado,Coordinador del Comité de Empresarios por la SALVACION Industrial, Bogotá, marzo del 2002.
Gran preocupación esta causando, entre los productores nacionales, la revaluación del peso en el 2001 y la agudización de su tendencia en lo que ha transcurrido del presente año. La inflación del año pasado fue de 7.65 por ciento y la devaluación de solo el 2.8 por ciento. El crecimiento del dólar (devaluación) fue inferior al crecimiento de los precios (inflación). Esta tendencia a la baja del precio del dólar (revaluación), se ha acentuado en este primer trimestre. El dólar ha tenido cotizaciones de diciembre de 1999. Los exportadores que hayan reintegrado en este período, han sacrificado sus ingresos, por los menores pesos recibidos, hasta en un 20 por ciento, con un total marchitamiento de sus utilidades, con consecuencias inmediatas de iliquidez, parálisis de sus proyectos de inversión y desánimo ante las actividades productivas. A “la volatilidad del dólar”, como eufemísticamente lo llaman los operadores del mercado cambiario debemos agregar, la demora en el pago del CERT y en las devoluciones del IVA de las materias primas que corresponden a la mercancía exportada.
Además, esta el problema de cómo cotizar los pedidos para el 2002. Tendríamos dos prospectivas. Una, la optimista, donde se aceptan los pronósticos oficiales, que auguran una devaluación del 6 al 8 por ciento, mantenimiento y oportunidad en el pago del CERT, agilización en la devolución del IVA. En estas condiciones el incremento de los precios debe recuperar la inflación del año pasado y la que se presente este año, restado el pronóstico de las devaluaciones de cada año. Hablaríamos de un crecimiento aproximado de los precios, en dólares, de un 5.65 por ciento. (1) . La formula de cálculo sería:
Cotización 2002= Inflación 2001 + Inflación 2002- Devaluación 2001 – Devaluación 2002
En cifras, considerando la inflación y la devaluación del 2002 como proyectadas tendríamos:
Cotización 2002 = 7.65 % + 6.8 % – 2.8 % – 6 % = 5.65 %
Para un pesimista, desencantado de los presupuestos oficiales y más convencido de los resultados prácticos de la década, asumiría la revaluación del año pasado, calcularía una similar para el presente año, no incluiría el CERT y asumiría el IVA de las materia primas utilizadas en las exportaciones. Es decir, que haría un incremento mínimo del 18.15 por ciento. Para el cálculo se tomó el CERT concedido a las exportaciones a EE.UU y que la materia prima es el 50 % del precio del producto. El exportador puede hacer el cálculo tomando las cifras reales de su producto y de su mercado. Veamos:
Cotización 2002= Revaluación 2001 + Revaluación 2002 + eliminación del CERT + IVA materia prima, mercancía exportada.
Cotización 2002= (Inflación – Devaluación) 2001 + ( Inflación – Devaluación ) 2002 + CERT + IVA
Cotización 2002= (7.65 % – 2.8 %) + (6.8% – 6%) + 4.5 % + 8 % = 18.15 %
Lo real, está entre estos dos escenarios. Corresponde al exportador definir y tomar la decisión, que de equivocarse afectará negativamente su empresa. Si se queda corto vendería a pérdida. Si incrementa por encima de sus competidores se excluiría del mercado. Lo importante a anotar es que un incremento de precios por encima de la inflación Norteamericana ( que no supera el 3 % ) tiende a sacarlo del mercado internacional y nacional, especialmente cuando hay tendencia a la baja de precios por la recesión mundial, la devaluación de Argentina ( 40 %), Brasil, México, Venezuela(40 %). Además, la gran incertidumbre del entorno internacional, marcado por el interés e influencia de los especuladores y las condiciones nacionales. Lo claro es que las decisiones de precios que determinan la supervivencia de las empresas, se están dando dentro de una gran incertidumbre acentuado por la globalización. Por supuesto, que este escenario no es el mejor para inversiones de capital en el sector manufacturero, que implica una relación constante y a mediano plazo con su cliente. Diferente al comercio o la especulación donde los negocios son de oportunidad.
La gran prensa considera la revaluación como un problema de los exportadores, y los productores que no cotizan en dólares, se muestran indiferentes frente a este fenómeno. Sin embargo, la revaluación cumple los dos propósitos. Por un lado, nos excluye del mercado internacional al obligarnos a subir precios en dólares, por encima de la inflación internacional, para recuperar la diferencia entre la devaluación y la inflación, es decir subir precios para mantener la misma rentabilidad. El exportador que no incremente sus precios, a enero1/2002, verá disminuir sus utilidades en este valor.
Incremento de precios mínimo exportador = Diferencia (Inflación – Devaluación)2001 = 7.65 % – 2.8 % = 4.85 %
Con un incremento del 4.85 % el exportador está recuperando la disminución de precios del año anterior, por los menores pesos recibidos. Al incremento de los insumos ( inflación ) le restamos los mayores pesos por la subida del dólar (devaluación). Como la subida del dólar no compensa la subida de los precios de los insumos, el productor debe subir precios mínimo en este valor para mantener su mismo nivel de costos.
Al importador se le presenta el fenómeno contrario. El costo de los productos importados solo subirían en el incremento del dólar lo que le esta dando una ventaja relativa frente al productor nacional. Sus precios disminuyen por la menor subida del dólar frente a los costos nacionales.
Incremento de precios Importador = Devaluación = 2.8 %
El mantener esta política de revaluación permite al importador, por sus mejores precios, aumentar la participación en el mercado nacional. El fabricante colombiano debe subir un 4.85 por ciento sus precios, mientras que el importador en sólo un 2.8 por ciento. En el pasado las oficinas gubernamentales vendieron la idea de que el productor debía compensar esta diferencia con la disminución de sus costos. Se mostró como un reto a la productividad. Hoy sabemos que ésto es un engaño, en ningún sector se ha presentado el “milagro de la competitividad”, porque la reducción de costos tiene un límite. Las conferencias y seminarios han sido sólo “ilusionismo” para justificar esta política contraria a los productos nacionales. En el fondo, lo que se estaba ocultando era que la política cambiaria le estaba dando ventajas al producto extranjero. Los cafeteros, único gremio que se ha atrevido a cuantificar las pérdidas, calculan que perdieron en la revaluación del 93, $4.000 mil millones de dólares, el costo aproximado de dos cosechas cafeteras.
El dólar se esta depreciando porque el gobierno monetizó, es decir convirtió a pesos US$ 1.000 millones de dólares durante el segundo semestre del 2001. “ Según el documento Confis Plan Financiero 2002, publicado el 21 de diciembre de 2001, el Gobierno planea captar por medio de desembolsos externos, que comprenden tanto bonos como créditos con multilaterales, un total de 6 billones de pesos, que equivalen a unos $2.500 millones de dólares….ese dinero sumado a los $ 1.900 millones de dólares captados en el 2001 y quitándole los $200 millones de prefinanciación para el 2003, dejan un portafolio en dólares de la tesorería equivalente a $ 4.200 millones de dólares que podrían ser monetizados este año(2). Es decir, hay un compromiso real de mantener la revaluación, para el 2002, a través del endeudamiento externo.
Eduardo Sarmiento, Decano de la Escuela Colombiana de Economía, anotaba: “ El problema es que el Gobierno trajo dólares para blindar la economía y lo que hizo fue revaluar el peso”( 3). El presidente de Analdex, Javier Díaz, sentenció…”parece que estuviéramos repitiendo los primeros años de la década del 90, cuando se destruyó la producción nacional por la fuerte competencia de los importados. Nos preocupa que esta lección no se haya aprendido”(4).
El Banco de la República y el gobierno insisten en que el dólar fluctúa por las condiciones del mercado y quieren mostrar una aparente neutralidad en su “volatilidad”, ocultando que es fruto de una plan premeditado y sistemático para causar unos determinados efectos económicos. Ocultan que quienes pueden influir en su precio se pueden contar con los dedos de las manos. Además, muestran que el dólar congelado es beneficioso porque controla la inflación sin mayores explicaciones sobre el efecto perverso sobre la producción nacional. Y continúan con la cantaleta de que los productores deben ser competitivos para poder mantenerse en el mercado. Quieren encubrir el efecto nefasto de su política.
El compromiso del Gobierno, con la política revaluacionista, también se observa en las respuestas sobre el tema. El gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia, lo confirmaba en una entrevista concedida a El Tiempo. Ante la pregunta: ¿Se mantiene en la meta de devaluación del 8 por ciento para el 2002?, contestó: “Ni el Banco ni el gobierno tienen meta de devaluación. Simplemente, hay proyecciones que sugieren un 8 por ciento”(5).
El mantenimiento del precio del dólar es presentado por las teorías neoliberales en boga, como un mal necesario para sanear la economía, mantener el equilibrio fiscal. Es, según su extraña visión, un paso necesario, una purificación del mercado, por la quiebra de las “empresas ineficientes”, y los alarmantes índices de desempleo, efecto normal de su política, es mostrado como algo transitorio.
Pero la aplicación de las teorías económicas en boga no ha sido la panacea para la solución de nuestros problemas, y por el contrario, estamos presenciando un retroceso total en lo construido en más de 100 años de vida republicana. El crecimiento real del PIB en el 2001 fue de solo 1.5 %, inferior al crecimiento poblacional del 1.67 %. Es decir, no estamos creciendo siquiera para mantener la población. Respecto al año anterior, se presentó una disminución del ingreso per cápita de los colombianos de US$1.913 a US$1.890 dólares. Sin aumento de la capacidad de compra la reactivación está muy lejos de los presupuestos oficiales. “… más sombras que luces. Réquiem por una reactivación proclamada en forma triunfal”, tituló Rodrigo Botero, ex-ministro de Hacienda e investigador de la Universidad de Harvard ( 6 ). Quiebra de más de 11.000 pequeñas empresas, 628 en Ley 550 y como consecuencia más de trece millones de pobres. La observación diaria de la miseria en nuestras calles es suficientemente ilustrativa sobre los efectos causados.
La experiencia ha demostrado suficientemente que las políticas económicas implementadas por el Estado determinan el crecimiento o el marchitamiento de una actividad productiva. La apertura le está haciendo perder a Colombia su industria y la seguridad alimentaria. En el 90 importábamos 800.000 toneladas de alimentos y hoy importamos más de ocho millones de toneladas. En muchos renglones la dieta depende de los importados. Cuanta diferencia, con lo que hace Estados Unidos con su industria. Protección para sus empresas y libre mercado para colocar sus productos, una doble moral. Lo que ha hecho el Presidente Bush para salvar su sector siderúrgico es suficientemente ilustrativo.
Esta industria fragmentada, porque no existe una firma que controle una gran porción de la producción mundial, esta valorada en $ 240.000 millones de dólares, ha acumulado avances tecnológicos que le permiten tener una capacidad instalada global de 1.000 millones de toneladas, produce 840, laborando por debajo de su punto de equilibrio, frente a unas necesidades de 800 millones de toneladas, es decir 40 millones de toneladas más de las que requiere el mercado, un 10 o 20 por ciento más(7). En el cuadro No 1 se muestra la producción por países.
CUADRO NUMERO 1
PRODUCCIÓN MUNDIAL DE ACERO POR PAISES
PAIS PRODUCCIÓN MUNDIAL MILES-TONELADAS
CHINA 127.2
JAPON 106.4
EEUU 101.5
RUSIA 59.1
ALEMANIA 46.4
COREA DEL SUR 43.1
UCRANIA 31.4
BRASIL 27.9
ITALIA-INDIA 26.7
FUENTE WORLD STEEL DYNAMIC
Desde 1997, los precios del acero en Estados Unidos han estado a la baja, por la transferencia de las ventas, ante el desplome del mercado asiático. Treinta y un empresas, más de la mitad, han solicitado la protección de las leyes de bancarrota. Los bajos precios y la baja capacidad de producción han contribuido a la debacle de esta industria. La competencia de precios ha sido tan fuerte, que en el año 2000, se obtuvieron los más bajos en 20 años, donde el acero importado más económico se vendía con pérdida. La tasa promedio de producción en el 2000, no paso del 65 por ciento, cuando se requiere una tasa del 83 por ciento para ser rentable (8).
El Gobierno de Estados Unidos para revertir la situación no ha dudado en enfrentarse con la Unión Europea, con Rusia y Japón, e incluso con su aliado más incondicional, Tony Blair de la Gran Bretaña. Con el argumento de que el país está en guerra y necesita una industria siderúrgica saludable, aunque lo cierto es que, el año pasado, menos del 1 por ciento se destinó a tanques y barcos militares, incrementó los aranceles hasta en un 30 por ciento, estableció limites a las importaciones de acero de sus socios del Nafta, Canadá y México, le ha concedido subsidios, mediante exenciones tributarias, por más de $ 4.000 mil millones de dólares, está estudiando la posibilidad de asumir sus costos pensionales, ha enviado emisarios para reducir la producción mundial, ha convocado a la industria global para que se convierta en un cartel, realizó el 18 de diciembre del 2001, una reunión en París, con representantes de más de 40 países, para comprometerlos en un recorte en la producción e incluso en cierre de empresas.
El comisario de Comercio de la Unión Europea, Pascal Lamy, en un discurso ante la Asociación del Acero de Gran Bretaña en Londres, dijo que EE.UU. estaba en esencia intentando endosar toda la responsabilidad a otros países. Lamy advirtió contra la práctica de llevar a cabo negociaciones internacionales con un revólver en la cabeza (9). Rumania apuntó que no tiene dinero para cerrar de forma segura algunas de sus acerías (10). Estamos seguros que la exigencia Norteamericana de reducir la producción no se va a lograr en Europa y Japón, con los países industrializados, sino en los del tercer mundo, donde los productores y los gobiernos son más débiles.
Cuanta distancia con lo que se hace en Colombia con sus productores y especialmente con nuestra siderúrgica Acerías Paz de Río, cuando para salvarla hace 17 meses, Pastrana invoco la ley 550, pero dijo que solo sería posible, si se lograba la excelencia administrativa y de productividad. Son Gobiernos totalmente sumisos y arrodillados frente al imperio.
Otro caso esclarecedor del compromiso del Gobierno Norteamericano con sus compañías es la no aprobación en el Senado, en la legislatura del 2001, de la ampliación y/o prorroga de las preferencias comerciales andinas (Atpa), que expiraron el 4 de diciembre y que se informa que no se aprobaron por falta de tiempo. Con la no aprobación del Atpa, las flores colombianas pasaron a pagar, en promedio, de un arancel cero a uno de 6.8 por ciento. Para ser elegible el país, en la aprobación del acuerdo, se le exige cancelar el laudo arbitral a favor de Sithe Energies, principal accionista y proveedor de TermoRío, y Nortel Networks, aceptar la decisión 486 de la Comunidad Andina de respeto a las patentes farmacéuticas de productos derivados y eliminar la aplicación de las bandas de precios agrícolas, que regula los precios a las importaciones de 14 productos ( trigo, maíz, y aceite de soya entre otros), al igual que 147 derivados o subproductos, como la comida para perros (11).
Para la aprobación en la Cámara de la Autoridad para que el Presidente de los Estados Unidos pueda promover acuerdos de libre comercio ( o Fast Track ) sin la vigilancia del Congreso, se debió realizar un acuerdo, con la firma del presidente del congreso, Dennis Hastert y del líder de la mayoría republicana Dick Armey, donde las telas tejidas en el exterior, para poder entrar libres de impuestos, deben ser teñidas y acabadas en Estados Unidos. Medidas que afectan las exportaciones de telas centroamericanas y caribeñas, y la ampliación del Atpa, a productos como textiles, cuero y calzado (11).
Los países industrializados, con Estados Unidos a la cabeza, ante la superproducción mundial, pregonan el libre mercado, pero para abrirlos a sus productos, mientras cierran y condicionan los propios. Abrir los mercados de los países del tercer mundo para dar cabida a los productos: de sus industrias. Sobra decir que estamos presenciando no la creación de un solo mercado mundial, a nivel de la tierra, como se ha venido pregonando, sino su fraccionamiento en tres grandes bloques: El de América, con el ALCA, liderado por Estados Unidos, el del Euro y el Asiático. El paso siguiente es el de aumentar aranceles y entorpecer el comercio de los productos entre bloques diferentes.
Los neoliberales han defendido que la internacionalización es inevitable y que fuera de ella no hay salvación. Pero la experiencia Argentina nos muestra que no podemos aceptar sin beneficio de inventario el libre mercado y los acuerdos con el FMI. Primero, no es cierto que si existe un acuerdo con el Fondo la economía esté blindada y el país en la ruta de la modernización. Los acuerdos con el Fondo buscan que estos países estén en capacidad de cancelar sus obligaciones crediticias y se “olvidan” de la lucha contra nuestro atraso, para llegar a ser un país industrializado. Es de simple sentido común que este organismo no va a crear sus propios competidores y agudizar el fenómeno de la superproducción mundial.
Sobre los resultados de aceptar un modelo y seguir “obedientemente” las orientaciones del Fondo, hay mucho que aprender del caso Argentino. Argentina tenia en 1976 una deuda de 5,5 mil millones de dólares, un desempleo del 2 por ciento y una balanza comercial favorable de 420 millones de dólares(12). En 1983 después de la guerra de las Malvinas y con las primeras ruinas socioeconómicas, Cavallo como Presidente del Banco Central estatizó la deuda externa privada y así Argentina recuperó su Democracia con 35 mil millones de dólares. En 1990, vinieron las privatizaciones, el achicamiento del estado, la desregulación de la economía, apertura, flexibilización laboral y la convertibilidad que se consideró el gran remedio para todos los males. A pesar de la quiebra de los productores y la disminución abrupta de las exportaciones, la inflación negativa fue mostrada, por Menem y Cavallo, como el gran éxito del peso fuerte, el triunfo de la convertibilidad. En 1998, Brasil devaluó y asfixió lo poco que quedaba de la industria Argentina.
Hoy los resultados están a la vista. En un mes cinco presidentes, niveles de desempleo por encima del 18.5 por ciento y las gentes en las calles con los puños en alto clamando una solución a sus problemas. El resultado de aplicar un modelo y unas recomendaciones. La inflación negativa era por la recesión y mostraba un problema y no un éxito. Argentina tiene 14 millones de pobres, un déficit fiscal de l5.3 por ciento y una deuda externa de 155 mil millones de dólares. Los logros de Cavallo en la aplicación de un modelo y unas recomendaciones del FMI.
El premio Nobel de Economía, Joseh Stiglitz había advertido en el Frankfurten Allgemeine Zeitung : “ Los problemas de Argentina son el resultado de una estrategia equivocada que se ha seguido durante años. El fracaso de la política macroeconómica que el FMI le impuso durante años era previsible. No se puede salir de la recesión recortando gastos”. Walter Molano jefe de investigación de la Banca de Inversión BCP Securities, le dijo al Washington Post : “ lo que finalmente empujó a Argentina al borde del abismo fue la codicia de los inversionistas internacionales y la mala sincronización del FMI y del tesoro de EE.UU.”. Eduardo Sarmiento, ex-decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, afirmó: “Claro que el FMI es responsable, porque la política económica Argentina fue acordada entre el FMI, el Congreso y el Gobierno. El gran error histórico de Domingo Cavallo fue intentar reactivar una economía con políticas recesivas, algo que es absurdo”(13).
Además del fracaso del modelo, lo que salta a la vista es que mantener una moneda fuerte en forma artificial y no como resultado de un sector productivo fuerte, en el mejor sentido capitalista, no es signo de vitalidad sino que lleva al país al colapso por el nivel de endeudamiento que debe realizar para mantener la paridad.
Quienes ganan y quienes pierden con la revaluación-devaluación? La experiencia argentina muestra que con la devaluación , los perdedores, al caer hecha añicos la convertibilidad de un dólar igual a un peso, fueron las compañías transnacionales. Sus precios se incrementan. En el Cuadro 2 podemos observar las cifras publicadas al respecto. Las pérdidas se dan porque el aumento en pesos del patrimonio de las transnacionales las obliga a hacer un mayor esfuerzo en ventas y utilidades para cumplir con los compromisos de giro y rentabilidad impuesto por sus casas matrices. De ahí, su afán de descapitalizar las empresas, como en el caso de Codensa, en Colombia.
A la producción Argentina le repercute en otro sentido. Se bajan sus precios en dólares por los mayores pesos recibidos, ganando posibilidades de aumentar su participación en el mercado interno y externo. Es decir se gana competitividad. Lo que gana la producción nacional lo pierde la extranjera.
En Argentina la revaluación, la moneda fuerte, quebró los productores de la ciudad y el campo, y los llevó a un nivel total de empobrecimiento. Por televisión presenciamos los miles de personas que exigen comida y empleo. Para un desempleado nada es económico. Hasta el pago de un pasaje de un bus urbano esta fuera de su presupuesto.
El concepto de la moneda fuerte, la dolarización, le conviene a las transnacionales, a la producción extranjera y el concepto de la devaluación a la nacional. La inflación que se da en los países del tercer mundo conlleva una devaluación implícita. Los Estados Unidos, además de imponer la disminución de aranceles para favorecer sus productos, se “reservan el derecho” de implementar una política económica que favorece el precio de sus mercancías.
Los economistas que no están por la producción nacional han difundido la tesis contraria. Que la devaluación es un proceso de empobrecimiento por la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. En el país ha sido posible materializar este desenfoque debido que se estableció la independencia del Banco de la República y se nombró en su Junta Directiva técnicos que no están comprometidos con el desarrollo industrial nacional. Técnicos que aspiran, una vez termine su período, a ocupar cargos en los organismos multilaterales como el Fondo y el Banco Mundial.
El Banco debe estar conformado por representantes del sector productivo, únicos interesados en superar el atraso porque el crecimiento de sus empresas depende del éxito de las políticas económicas. Los empresarios no podemos seguir cediendo puestos en los organismos donde se define la política económica. Nuestro aislamiento de estos organismos está permitiendo que la política industrial dependa del “lobby”, o lamboneo, que se realice en cocteles y fiestas oficiales, y no de una análisis serio de nuestras necesidades industriales.
Los empresarios debemos recuperar la posibilidad de definir una política industrial nacional. Resaltar que no podemos esperar a la quiebra total de los productores para intentar hacer algo. Hagámoslo ahora antes que sea demasiado tarde.
Por lo anterior planteo las siguientes propuestas:
1.- Realizar una campaña nacional que obligue al gobierno a cambiar su política económica revaluacionista, y mantener una tasa de cambio competitiva, en el sentido de que recupere la inflación del 2001 y la del 2002. La devaluación anual debe ser dos puntos por encima de la inflación. Los empresarios, sus gremios, cooperativas, etc., deben participar en esta presión empresarial.
2.- Solicitar la presencia de representantes de los agricultores e industriales en la Junta Directiva del Banco de la República. Acabar con su “aparente neutralidad” y comprometerlo con una verdadera política industrial nacional.
3.- Solicitar al Gobierno un viraje total en la apertura económica, para no repetir el caso Argentino y no incluir a Colombia en el Area de Libre Comercio de las Américas-ALCA,
Bogotá, marzo del 2002.
Bibliografía.
-“Ahí va la cosa”, La nota, enero 2002, No 72, p 15.
-“Dólar podría seguir abajo”. El tiempo. Económicas. Sábado 19 de Enero. p 2-8 .
-“¿Dólar..o dolor de cabeza? . El tiempo, Económicas p.1,13, lunes 21 de Enero del 2002, p 1-13.
-“El dólar una mala inversión en el 2001”.El Tiempo. Económicas. Jueves 20 diciembre 2001.p 2-2.
-“La estabilidad del dólar no está garantizada”. El Tiempo, económicas, 27 Enero p.2-8
-El Tiempo.6 de enero del 2002 p. 1-13.
-Idem. The wall street journal Americas . 19 diciembre .p 1-19.
-Idem. W. J. Jueves 10 de enero 2002, p 1-12 .
-Idem. viernes 14 de diciembre. P 2-5.
-Idem, 8 de diciembre. P 1-12 .
-“Un revés para las flores”.El Tiempo. Viernes 28 de diciembre 2001. p1-14.
-“¿Cómo se destruyó Argentina?.El Tiempo. 17 de diciembre. Económicas..p 3-3 .
-“Juicio al FMI. El Tiempo. p 1-14 .