Profesores del Instituto de Ciencias Naturales, Bogotá; febrero 28 de 2002
Quienes firmamos el presente documento, profesores del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, organizados en grupos de investigación debidamente catalogados por Colciencias, nos permitimos formular algunas reflexiones a la comunidad académica de la Universidad Nacional y de las universidades públicas, y al país en general, en el marco de la movilización en contra del decreto 2912.
Una de las razones que se han argumentado para la aplicación de un nuevo régimen salarial a los docentes de las universidades públicas, es que, supuestamente, un artículo científico “en la mayoría de los casos tiene impacto en un período limitado” (Documento ICFES, 2001). Tal afirmación desconoce los fundamentos más elementales de la construcción del conocimiento científico. Si bien es cierto que parte del contenido de un artículo científico puede perder vigencia al cabo de unos años, o incluso puede ser descartado, no quiere eso decir que su impacto haya terminado. El edificio de la ciencia se construye ladrillo a ladrillo, y cada uno de los ladrillos de la base es necesario para soportar todas las estructuras que están por encima de él.
En el caso de las ciencias naturales, como en otras áreas de la ciencia, la vigencia permanente de cada trabajo es palpable día a día. Existen numerosos ejemplos en los cuales los trabajos científicos del presente se fundamentan en la producción científica de décadas o aun de siglos atrás. En la biodiversidad, por ejemplo, el componente teórico de un tema tan álgido en la agenda contemporánea, como lo es la diversidad biológica, se ha construído a través de generaciones de trabajo continuo en la exploración de los ecosistemas, sin que ninguna de las contribuciones del pasado haya sido descartada. Por el contrario, no podremos completar el rompecabezas de nuestra biodiversidad, si falta en el esquema una sola de las piezas que han contribuído durante siglos a armar lo que hasta ahora tenemos. De hecho, el surgimiento de las ciencias naturales y exactas en Colombia se remonta a hace más de 200 años, y sus líneas fundamentales de desarrollo no han perdido continuidad desde entonces. Cada una de las contribuciones en este sentido ha sido pieza fundamental, no solo para la investigación, sino para la creación de escuela en ciencias naturales.
Igualmente, los datos ecológicos tomados décadas atrás son hoy en día irreemplazables para interpretar los fenómenos y cambios actuales. Como nuestro entorno no es estático y somos agentes de los cambios que en él ocurren, es cada vez más importante la comparación entre el pasado y el presente para poder elaborar y escoger entre las opciones para el futuro.
A su vez, la calidad docente depende de reafirmar y hacer congruentes la producción académica puntual con la ciencia internacional, con la realidad del país, y con las condiciones particulares de nuestros recursos naturales.
Aún más, nuestros continuos servicios de extensión y consultoría a distintas entidades gubernamentales y privadas, no serían posibles sin la base teórica producida por quienes nos han precedido. Si pretendemos que la utilización de nuestros recursos naturales contribuya al desarrollo del país, debemos, ante todo, sintetizar el conocimiento que existe sobre ellos, gracias a los trabajos de los investigadores del pasado.
La filosofía y la práctica de las ciencias naturales se fundamentan en la proposición y confrontación de leyes generales a partir de elementos particulares. Y cada elemento particular, un descubrimiento, una invención, no deja en absoluto de tener vigencia cuando entra a formar parte de un gran cuerpo de conocimientos, sino que, por el contrario, adquiere un valor epistemológico e histórico imprescindibles para el avance de cada una de estas disciplinas. Entonces nos preguntamos: ¿cómo pensar en una fase sintética del conocimiento, si se desconocen los elementos necesarios para la fase analítica previa e indispensable?
Por lo anterior rechazamos los argumentos expuestos en el decreto 2912, que desconocen el carácter mismo de la educación y la ciencia. Consideramos necesaria una modificación en los mecanismos de aplicación del decreto 1444, sin desconocer los errores que han sido denunciados para algunas Universidades Públicas. Apoyamos las actividades adelantadas por el movimiento profesoral de la Universidad Nacional en su asamblea permanente, que tienen como objetivo último defender la Universidad Pública de una política de desprestigio y deterioro.
Como parte de una de las dependencias que ha contribuido históricamente al crecimiento de la ciencia y la educación desde el sector público y en diferentes ámbitos, estaremos participando activamente en las actividades planteadas y dispuestos a aportar argumentos en la discusión y a participar en los espacios que este proceso nos necesite.
Firmas
Agustín Rudas
Carlos Parra
Clara Inés Orozco
Cristina Garzón
Diego Giraldo
Eduardo Flórez
Edgar Linares
Enrique Forero
Favio González
Gary Stiles
Gaspar Morcote
Germán Amat
Germán Peña
Gloria Galeano
Hugo López
José Iván Mojica
José Luis Fernández
José Murillo
Julio Betancur
Luis Carlos Jiménez
Nestor Campos
Rodrigo Bernal
Yanneth Muñoz