Elvia, Andrés y Felipe, amigos y camaradas polistas.

Es muy gratificante para nuestra tendencia rendir este sentido homenaje a la memoria de Felipe Mora, uno de los fundadores e insigne dirigente del MOIR, en compañía de quienes día a día y sin desfallecimientos se empeñan por extender y consolidar nuestro partido, el Polo Democrático Alternativo, por todos los rincones de la patria. Hoy avanzamos acompañados del mayor contingente de izquierdistas y demócratas que se haya podido congregar en la historia reciente de Colombia, reclamando un gobierno de nueva de democracia que cristalice el tan anhelado sueño de construir una nación soberana, independiente y próspera. Tan ambicioso propósito demanda igualmente de la más amplia unidad y del más juicioso esfuerzo en la organización y el funcionamiento si queremos estar a la cabeza de las luchas reivindicativas de las masas, derrotar las pretensiones reeleccionistas de Álvaro Uribe e impulsar la candidatura presidencial del Polo. Se necesita que las tendencias que conformamos este Partido de izquierda democrática aportemos sin reservas lo más preciado de nuestras tradiciones revolucionarias, todo el bagaje acumulado en la experiencia organizativa y propagandística y nuestra mística de militantes disciplinados y entusiastas. Emulemos la ejemplar vida de esos hombres y mujeres que como Felipe Mora hicieron de la brega por la emancipación de las clases desposeídas y de la lucha por la soberanía y la democracia la motivación mas preciada de su existencia.

Asegurado como está el rumbo de izquierda en el Ideario de Unidad y el funcionamiento en el apego a los estatutos, el PDA salió de su II Congreso en óptimas condiciones para echar raíz entre las inmensas aglomeraciones de ciudadanos que aguardan esperanzados el llamamiento a la rebelión y una propuesta seria y certera de cambio para Colombia. Es el momento justo para lanzarnos con premura a cumplir el objetivo de hacer crecer el Polo compenetrándonos con las masas populares y acompañando cada una de sus luchas. Sin esa ligazón, nuestro proyecto no podrá concretarse.

Las difíciles y complejas circunstancias que envuelven a la superpotencia norteamericana, causante del menoscabo de nuestra soberanía, y las no menos graves tribulaciones que minan al ya desgastado gobierno uribista, son claros indicadores de que las condiciones son favorables para impulsar propuestas que vayan a las raíz de los centenarios problemas de la nación y con ellas ganar el favor de las mayorías que padecen la explotación y el saqueo del imperialismo y de la oligarquía intermediaria.

El revolucionario a quien rendimos homenaje optó por este camino desde temprana edad. A los escasos 20 años se desplazó a China pasando por Rusia en procura de aprender y ver de cerca las mayores realizaciones del proletariado en la conducción de esas dos inmensas naciones. Muy joven también, a los 21 años, ya formaba parte de la dirección nacional de la vertiente del Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino, MOEC, que bajo la dirección de Francisco Mosquera trazó los lineamientos básicos sobre la estrategia y la táctica de la revolución colombiana y empezó a construir este modesto contingente del Moir que hoy se enorgullece de compartir militancia junto a todos los revolucionarios y demócratas que integramos el Polo Democrático Alternativo. Felipe estuvo al pie del cañón desde 1964 hasta 1999, primero al lado de Francisco Mosquera y luego de Héctor Valencia, con fervor revolucionario y con vigilancia proletaria, cuidando lo que con igual celo debemos hacer hoy los polistas, el rumbo de izquierda de la organización, su funcionamiento estatutario y el crecimiento y extensión del Partido. Así lo hizo siempre. Era característico de Felipe enseñar dando ejemplo: vida sencilla y trabajo duro, alejado de burocratismos y vicios, sin apego a bienes materiales, marcando la pauta en la realización de las tareas, desde repartir la chapola y pintar las consignas hasta las más complejas responsabilidades de dirección partidaria y de relación con otros sectores políticos y sociales, todo lo contrario a la pereza, el burocratismo y el pesimismo, esas conductas que conducen a la perdición a los buenos cuadros.

Exhortemos a la militancia del Polo a emular la ejemplar vida de Felipe Mora y a que, como sabiamente lo señalan las masas populares cuando de aprender y hacer se trata, a que se metan al barro. En lo a que nuestra tendencia corresponde, no puede exceptuarse a nadie de cumplir este llamamiento.

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