I.
En octubre de 2008 colapsó la bolsa de Nueva York. Este derrumbe es la prueba del fracaso del modelo neoliberal y de la imposibilidad de que los mercados, sin ninguna intervención del estado, regulen racionalmente el flujo de los actores económicos. Esta crisis, que ha puesto en entredicho todas las teorías sobre la globalización e internacionalización de la economía, es la culminación estrepitosa de las aventuras especulativas del capital financiero cuyos activos superan en más de cuatro veces el PIB mundial y en más de diez veces el PIB de los Estados Unidos.
Al derrumbe de las bolsas siguió el del sector real de la economía y el frenazo no ha tenido miramientos. Los signos de los tiempos son la insolvencia de millones de deudores hipotecarios, los despidos masivos de trabajadores, los descensos verticales en las importaciones por parte de los grandes consumidores, el derrumbe de los precios de las materias primas, minerales y bienes agrícolas y el aumento del paro laboral forzoso en todos los países desarrollados. Las superpotencias económicas se han declarado en recesión y el mundo capitalista reconoce, entre impávido e impotente, una crisis de larga duración y cuyos efectos devastadores aun no se despliegan en forma plena.
Los estados capitalistas han acudido a los denominados planes de salvamento para tratar de inyectar liquidez a la economía acudiendo a los recursos de los contribuyentes. Es el socialismo de Wall Street que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias. Otra vez las nacionalizaciones de entidades en quiebra están al orden el día y las políticas proteccionistas surgen por doquier. El lema de “Compra Americano”, aun bajo la advertencia de que puede desatar una guerra comercial y múltiples demandas entre las grandes potencias, acaba de ser impuesto en Estados Unidos como condición para aprobar el último salvamento y la respuesta de las demás potencias ha sido similar. Por otro lado, la xenofobia y el racismo se han exacerbado y las persecuciones violentas y arbitrarias detenciones contra inmigrantes son noticia cotidiana.
II.
En Colombia la crisis económica venía golpeando desde mucho antes que ésta se oficializara a nivel mundial. Sin embargo, de manera falaz, el uribismo propaló a los cuatro vientos que gracias a sus políticas la economía colombiana estaba blindada. Al optimista y mentiroso anuncio siguió el estrepitoso derrumbe. Los signos del mismo han sido implacables: la vertiginosa revaluación del dólar, la caída del índice de producción industrial a menos del 3%, la pérdida de más de más de 600 mil puestos de trabajo, la recesión en el consumo, el aumento de la pobreza y la precarización laboral de los trabajadores, a los que se suma la caída vertical de las remesas provocada por la precarización laboral de cuatro millones de compatriotas que viven en el extranjero.
El neoliberalismo de Uribe Vélez condujo a la desnacionalización de la propiedad de las empresas nacionales emblemáticas; a la regalona entrega a las multinacionales de nuestros recursos naturales; al montaje de los denominados megaproyectos aun a costa del medio ambiente, las comunidades campesinas y las minorías étnicas y raciales; a la descarada privatización de los servicios públicos domiciliarios, convertidos en jugoso filón de negocios para multinacionales gringas y europeas; a la ruina de la producción agropecuaria y a la consecuente pérdida de la soberanía alimentaria; a la negación del derecho universal a la salud y a la creciente privatización de la educación; al aniquilamiento de los derechos sindicales de asociación y contratación colectiva para los trabajadores; a la persecución y aniquilamiento de las organizaciones sindicales; a la semiesclavitud laboral con la tercerización del trabajo fomentada por las Cooperativas de Trabajo Asociado y a la conversión de nuestro país en una zona franca con todas las gabelas tributarias, arancelarias y cambiarias que lo convierten en un paraíso para las multinacionales y en un infierno para el pueblo y los trabajadores.
En medio del descalabro neoliberal, todos, salvo el régimen de Uribe Vélez, toman medidas para salvaguardar sus economías. Junto al abierto proteccionismo de las grandes potencias, han resurgido los regímenes de licencia previa para las importaciones y las alzas de aranceles a muchas posiciones comerciales, tal como lo hizo Ecuador, uno de nuestros mercados naturales. Entretanto, Uribe Vélez, fiel al fundamentalismo del mercado, se empecina en la rápida firma de un TLC con la unión Europea que, en concesiones, va mucho más allá de las liberalizaciones de nuestra economía y las gabelas ya otorgadas en los TLC con Estados Unidos y Canadá.
No hay forma de salirse de la crisis. Ni siquiera con los fantasiosos anuncios inversiones colosales en infraestructura, los que pasaron de 55 a 2.5 billones. Lo que si es real es la contracción de las exportaciones a los mercados históricos de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, la caída de las remesas de colombianos en el exterior, el deterioro de los términos de intercambio de nuestras materias primas, el encarecimiento acelerado de las más de ocho millones de toneladas de alimentos que se tienen que importar, la recesión de la industria, la inflación galopante que ya rompió las metas oficiales en 2008 y los índices de desempleo superiores al 14%, es decir, casi tres millones de personas, configuran un panorama desolador de crisis y dificultades para los trabajadores y el pueblo.
III.
Entretanto, asistimos a importantes acontecimientos en el orden político. El uribismo, acosado por crecientes escándalos, muestra signos de resquebrajamiento. Padece aislamiento internacional como régimen paradigmático en falsos positivos, violación de derechos humanos y asesinato de sindicalistas. Sin haberse repuesto aun de la Yidispolítica y estando pendientes fallos trascendentales sobre el delito de cohecho cometido por funcionarios de la cúpula, estalla el escándalo del referendo para reformar nuevamente la Constitución Política en provecho del Mesías del Ubérrimo. Este referendo ha sido cuestionado no sólo por sus miles de firmas dolosas, sino también por sus cuentas fraudulentas que violaron todos los topes legales de financiación y por el curioso detalle de una pregunta formulada en términos tales que la segunda reelección de Uribe Vélez sólo podría darse en el año 2014. Se aprestan entonces a modificar su texto en el Congreso, al tiempo que el andamiaje de la coalición uribista cruje por la natural puja sucesoria y por las deserciones y rupturas.
Por supuesto que el entorno internacional y nacional no favorece los propósitos reeleccionistas del uribismo. La crisis económica internacional, la derrota de los republicanos en la casa blanca, el congelamiento del TLC con Estados Unidos, el grave deterioro de la situación material de los colombianos, la esquiva y escasa Inversión Extranjera Directa, los millones de afectados por la reciente crisis de las pirámides, las mismas que prosperaron con la abierta complicidad del gobierno y el auge creciente de la movilización y la protesta, configuran el duro escenario en el cual el uribismo habrá de pretender su tercer mandato.
Las nuevas circunstancias indican que el uribismo, en cabeza de Uribe Vélez o alguno de sus válidos, no es inderrotable. Esta posibilidad real pasa, por concretar los llamados a la conformación de un amplio frente de oposición, que cohesionado bajo un claro programa nacional y democrático y profundamente antineoliberal, logre el aglutinamiento de todos los colombianos realmente dispuestos a cambiar la faz de nuestro país y a ensayar para nuestro pueblo y nación un nuevo destino.
En este sentido, la CUT atenderá los llamados para que junto con las demás centrales sindicales y nuestras organizaciones filiales, las personalidades y partidos políticos de oposición, las organizaciones indígenas, agrarias, comunales, estudiantiles, no gubernamentales, empresariales, y demás sectores de la sociedad colombiana, contribuyamos a la conformación de ese amplio frente patriótico.
IV.
La CUT, ha venido cumpliendo un destacado papel en la conducción de la lucha y la movilización social. Alentamos y dirigimos el heroico levantamiento del año pasado de los corteros de caña contra las Cooperativas de Trabajo Asociado y la tercerización del trabajo y por los derechos elementales que deben ser atinentes a los asalariados. Apoyamos con decisión la justa batalla de los trabajadores de Asonal Judicial, convocamos y llevamos a cabo la grandiosa jornada de movilización del 23 de octubre. Además, tuvimos papel protagónico en las discusiones del salario mínimo, defendiendo el interés de los millones de trabajadores que dependen de este decreto para determinar sus ingresos y forzando las discusiones hasta el punto que gobierno y empresarios se retiraron de la mesa de concertación. Esta es la razón por la cual hemos venido rechazando resueltamente la expedición unilateral del decreto por parte del gobierno y demandado la inconstitucionalidad del mismo ante el Consejo de Estado.
Bajo la decisión indeclinable de desarrollar las conclusiones de nuestro V Congreso, seguiremos abogando por la construcción de los sindicatos de industria, continuaremos en la brega por suprimir la tercerización del trabajo y por la estabilidad laboral de los miles de trabajadores vinculados bajo la figura de provisionalidad, promoveremos la realización de un encuentro nacional de trabajadores tercerizados, continuaremos al frente y asumiremos como propia, la lucha por la defensa de contratación colectiva de los servidores públicos y ahondaremos en la permanente denuncia al incumplimiento e inocuidad del acuerdo tripartito.
La CUT hace parte del frente de colombianos que exige la culminación pronta y cumplida de los procesos de verdad, justicia y reparación de las víctimas, de tal forma que no se sume una frustración más a la tragedia de los miles de deudos de la ordalía de violencia y una desgracia más al desplazamiento forzado que hoy padecen, ante la connivencia oficial, más de cuatro millones de colombianos. En la misma forma que somos partidarios y reclamamos la solución política negociada para el conflicto interno y el acuerdo humanitario, exigimos la liberación inmediata y sin condiciones de todos los secuestrados.
V.
La central y las organizaciones de Derechos Humanos han venido denunciando el incremento de la violación a los derechos humanos de los sindicalistas y los líderes sociales. En la medida que se ha dinamizado la protesta social se han multiplicado las amenazas de las “Águilas Negras” y otros grupos paramilitares con diferentes denominaciones, acciones consecuenciales a la permanente penalización de la protesta social y a la estigmatización contra el movimiento sindical y social que adelantó el mismo presidente y altos funcionarios del estado. El movimiento sindical de la CUT ha continuado las denuncias y seguirá movilizándose contra el genocidio y la crisis humanitaria que viven las organizaciones sindicales y sus dirigentes, la cual se viene profundizando.
Sin embargo, a pesar de todo esto, de manera insólita el Departamento de Estado Norteamericano difunde que en Colombia existen y han mejorado las plenas garantías para los derechos humanos de los colombianos. La afirmación se sustenta en las falsas estadísticas entregadas por el propio gobierno, donde se señala que han descendido los asesinatos de sindicalistas en un 6.2% en el 2008. Esta información no refleja la verdadera realidad. Nuestros estudios y seguimientos a la victimización del movimiento sindical nos reportan que en el año 2008 fueron asesinados 49 afiliados y dirigentes sindicales en Colombia, los cuales, comparados con los 39 asesinados del año 2007, muestran un claro incremento del 25% en los homicidios. Esto, sin incluir las otras formas de violación a los derechos humanos de sindicalistas como las amenazas, el desplazamiento forzado, la desaparición, la tortura, la detención arbitraria, el desconocimiento de las organizaciones sindicales y los allanamientos ilegales, que para el 2008 significaron 564 casos, con un incremento de más del 20%.