Cómo evalúa la CUT lo que está pasando con el TLC que Colombia negocia con la Unión Europea.
Miremos primero el contexto europeo, donde el modelo neoliberal también se impuso.
Los monopolios europeos compiten con los monopolios y las grandes compañías norteamericanas, japonesas, chinas e hindúes. La lucha es por el mismo mercado, por el control de áreas estratégicas del mundo. No hay un ámbito distinto en el cual los monopolios europeos puedan desarrollar su acción, y con dos propósitos: garantizar consumidores para sus mercancías y tecnologías, y hacerse a las fuentes de materias primas. De hecho la Unión Europea es hoy la mayor inversora de capitales: el 47% de la inversión extranjera mundial, más del doble de la de Estados Unidos, que suma el 20%. De modo que aquí vienen a buscar lo mismo que los norteamericanos: reequilibrar sus tasas de ganancia y contratar mano de obra barata, casi en niveles de esclavitud, afectando con eso a los trabajadores de sus propios países, que van a perder empleos y a ver reducidos los derechos laborales y salarios altos que todavía tienen. Ya los están perdiendo. Desde hace años las políticas sociales, los derechos laborales y la inversión social vienen en retroceso en Europa. Hay niveles altos de desempleo, que en España es superior al 10%, acompañado de una disminución total de los subsidios de desempleo. También se han resentido los programas de salud y se entró en la onda del odio por los inmigrantes extranjeros, con cárcel y represión brutal a los que pillen indocumentados. Y a eso se suma que son países con una antigua y rapaz tradición colonialista. Se hicieron ricos mediante la opresión de los pueblos de África, Asia y América Latina. Y digo que es un TLC en esencia igual o peor de rapaz que el de Estados Unidos, porque el piso de la negociación es el mismo. Con Estados Unidos se firmó, por ejemplo, que la protección a los datos de propiedad intelectual sea a 20 años. La Unión Europea está pidiendo 25. Igual ocurre con las patentes de medicamentos, que con Estados Unidos quedaron sólo por 5 años, mientras Europa pide 11. La cosa es tan grave que vamos a terminar añorando el TLC con Estados Unidos.
En su opinión, con el TLC con Europa estamos entonces ante un nuevo desembarco colonialista.
Sí, por todo lo que le he dicho. Pero nuevo realmente no es. Sin TLC, Europa ya está aquí desde hace rato, con inversiones incluso más importantes que las de Estados Unidos, y en sectores claves de la economía, como el energético, con Unión Fenosa. Buena parte de los servicios públicos, como el agua, está bajo el control de Aguas de Barcelona, monopolio Español; e incursionaron en el mercado financiero con los bancos Santander y BBVA. Están en el petróleo, el ferroníquel y el carbón; en las telecomunicaciones, con Movistar.
¿Qué mirada tiene la CUT del TLC con la Unión Europea, en comparación con el TLC con Estados Unidos?
Una mirada de preocupación, porque el TLC con la Unión Europea está pasando de agache, sin mayor debate ni comprensión de los daños que nos puede causar. En el caso del TLC con Estados Unidos, el movimiento sindical desde el principio entendió claramente lo que para nuestro país significaba, y a eso siguió un amplio movimiento social de rechazo, que contribuyó a bloquear este tratado en el Congreso de Estados Unidos. Pero entre tanto, nadie atendió el TLC con Europa, que viene desde hace años forjándose, desde cuando la Organización Mundial de Comercio fracasó en su política de liberalización global debido a la resistencia de países importantes en la producción agropecuaria, como Argentina y Brasil, que se negaron a hacer acuerdos si Europa no desmontaba los subsidios a su poderoso sector agrícola. Al paralizarse la OMC los europeos vieron que tenían que venir al área andina a buscar tratados de libre comercio. Pero en vista de que en esta área el mercado de cada país individualmente es muy pequeño, la directiva fue negociar en bloque con la Comunidad Andina de Naciones, sin Venezuela, que tienen en conjunto una población de 97 millones de habitantes. Pero como falló la negociación por bloque, resolvieron hacerla de todas maneras individual con Colombia, Perú y Ecuador, países ricos en recursos como el carbón, hierro, níquel, petróleo, y con una población laboriosa y productivamente eficiente. Además países donde el avance del neoliberalismo ha traído el aniquilamiento de los derechos de los trabajadores, donde predomina la tercerización laboral y las cooperativas de trabajo asociado, con salarios de hambre, lo que es muy favorable a la inversión extranjera. Europa viene por eso. Con un agravante: hay dirigentes en el mundo sindical que miran el TLC con Europa como algo bueno para el país.
¿Cómo así?
Ocurre que la Unión Europea ha sido hábil en darle a sus TLC el ropaje de acuerdos humanitarios. No los presentan como tratados de libre comercio sino como acuerdos de asociación, que incluyen diálogo social, cooperación, diálogo político. Pero no son más que mamparas para ocultar la naturaleza rapaz de estos acuerdos y engañar a los sindicalistas. La Unión Europea se ha gastado 280 millones de dólares en eventos y cursos de apaciguamiento y adecuación, con lo que han logrado adormecer y confundir. Y detrás de esa financiación viene la manipulación. Por eso algunos organismos multilaterales, que aparecen como neutrales, se han prestado al juego. Es el caso del Consejo Consultivo Laboral Andino, que se supone es un organismo de los sindicatos para mirar los problemas de la integración. En la ciudad de Salinas este Consejo se reunió con el Consejo Consultivo Empresarial Andino, para discutir lo del diálogo social, y terminó sacando una declaración que le da el aval al TLC con la Unión Europea. La CUT se abstuvo de firmar esa declaración.
Volviendo al tema de la poca discusión que ha tenido el proyecto de TLC con la Unión Europea, ¿usted diría que se está negociando a espaldas del país?
Totalmente a espaldas de la sociedad civil, y con demasiada celeridad. Ha tenido muy poca difusión y las noticias han sido muy sesgadas. No hay que olvidar que dos de los grandes medios, como Caracol y El Tiempo, son de propiedad de españoles. Se ha filtrado la molestia que causó la arrogancia de los europeos cuando se excedieron en sus solicitudes en los temas de propiedad intelectual y las patentes de medicamentos. El ministro Luis Guillermo Plata, en vez de protestar por eso, se limitó a decir que es natural que los europeos lleguen con unas pretensiones altas, porque negociar es eso: pedir mucho más de lo que hay porque finalmente terminan cediendo, y Colombia terminará dándoles algo más.
¿La CUT tiene alguna estrategia contra el TLC con la Unión Europea?
Por lo menos entendemos el problema, y es ya tema central en las discusiones de la CUT. Para la quinta ronda de negociaciones del TLC que se realizará en Lima, y la sexta ronda en Bruselas, en la que el gobierno aspira a finiquitar las negociaciones, hay que redoblar esfuerzos para que tenga tanta agitación social como ocurrió con el TLC con Estados Unidos, para que el Gobierno colombiano no firme impunemente un tratado con consecuencias negativas para el país. Le acabamos de escribir al compañero Víctor Báez, presidente de la Confederación Sindical de las Américas, para que convoque a una cumbre sindical andina para discutir el tema, y a ver si logramos unificar una estrategia. Esperamos que de esta cumbre salgan tareas de movilización y de denuncia, igual que lo hicimos con el TLC con Estados Unidos.
En Estados Unidos los sindicatos son aliados en la lucha de los sindicatos colombianos contra el TLC. ¿Con los sindicatos de Europa hay una relación igual?
No la hay, porque el movimiento sindical en Europa se ha amangualado con los gobiernos. Terminó redefiniendo una estrategia patriotera sobre la base de confundir incluso a los trabajadores colombianos. Hay que ir a decirles exactamente lo que les dijimos a los de la AFL-CIO de Estados Unidos: ustedes no pueden apoyar el TLC por una razón: van a perder empleos en Europa, como consecuencia de los empleos basura que las empresas europeas van a tener en Colombia; empleos sin remuneración justa y sin derechos sindicales. La idea es lograr que en corto tiempo los sindicatos europeos se avengan a una batalla seria contra eso.