Moisés Wasserman, El Tiempo, Bogotá D.C., 06 de agosto de 2020
Una especie que es capaz de viajar a planetas lejanos, será capaz de resolver cualquier problema.
Quiero reconocer una vez más mi admiración por la especie humana. Sé que en algunos círculos da estatus y apariencia de inteligencia superior hablar mal de ella, y manifestar deseos de que se extinga de una vez por todas y deje en paz al universo. A mí no deja de admirarme. Estas dos últimas semanas me dio tres motivos más.
La Tierra se encuentra en su posición más cercana a Marte, lo que sucede cada 26 meses. Por eso, tres cohetes salieron, casi al tiempo, con ese destino. Viajarán a una velocidad difícil de imaginar y llegarán a la órbita marciana el próximo febrero, en un recorrido que equivale a unas 1.500 vueltas a la Tierra. Julio Verne imaginó la vuelta al mundo en 80 días.
El primero despegó el 20 de julio, desde Japón, portando una sonda construida en los Emiratos Árabes Unidos con colaboración americana. Se llama Esperanza y va a investigar cómo cambian la atmósfera y el clima marcianos durante tres meses. Lleva una cámara de alta resolución y dos espectrómetros que le permitirán definir la composición química y el comportamiento de la atmósfera.
El segundo fue chino y despegó tres días después. Su nombre es Tian Wen, que significa ‘Pregunta a los cielos’. Debe llegar a órbita en febrero y dos o tres meses después intentará amartizar un vehículo robot. También porta tres instrumentos sofisticados que enviarán información a la Tierra sobre la composición química de la corteza superficial.
El tercer envío lo hizo Estados Unidos el pasado 30 de julio. Su robot explorador descenderá en Marte al cráter Jezero, que aparentemente fue un lago y tiene huellas del delta de un río que desembocaba en él. Se llama Perseverancia, nombre que refleja esfuerzos de años y las mejoras que se introdujeron con respecto a exploradores anteriores. Su batería, con una duración esperada de 14 años, se basa en la transformación a energía eléctrica del calor producido por la degradación de un radioisótopo artificial, el plutonio-238. Esa batería le permitirá al robot permanecer activo por dos años marcianos (equivalentes a cuatro de los nuestros). Perseverancia es un milagro tecnológico. Tiene 23 cámaras y otros instrumentos que le permitirán analizar la atmósfera y el suelo, y posee perforadoras para tomar muestras que serán encapsuladas y dejadas a la espera de una misión planeada para 2026, que las recogerá y las hará llegar a la Tierra. Una de sus tareas es buscar rastros de vida. Se piensa que Marte hace miles de millones de años tenía una atmósfera mucho más densa, mucha agua superficial y una temperatura más benévola.
Definir qué es un rastro de vida no es fácil. Parece que se basarán en el hecho de que la vida produce organización con un nivel de complejidad mucho mayor del que se puede generar azarosamente en procesos inorgánicos. Entonces se buscarán ciertos patrones organizativos, algunas texturas que en la Tierra se han observado como resultado de acumulación de bacterias fósiles, y también moléculas con un alto grado de complejidad. Cuenta además con un helicóptero, de nombre Ingenio, que volará 15 minutos; una hazaña, pues la atmósfera marciana es 100 veces menos densa que la nuestra.
Un hallazgo de vida en Marte tendría implicaciones monumentales no solo para la ciencia, sino para la filosofía y la teología. Si la vida hubiese surgido independientemente en dos planetas de un sistema minúsculo en el Universo, casi insignificante como el solar, querría decir que es alta la probabilidad de que haya surgido también en otra infinidad de planetas. Una especie que es capaz de viajar a planetas lejanos, gracias a conocimientos y a tecnologías generadas en apenas diez mil años de civilización, será capaz de resolver cualquier problema.