José Fernando Isaza, El Espectador, Bogotá, D.C., 3 de octubre de 2019

La más importante reunión científica en la primera mitad del siglo XX fue la Conferencia de Solvay, que citaba a los físicos y químicos más sobresalientes de la época. Los Solvay fueron empresarios en la industria química.

La conferencia, realizada en 1927, tiene un invaluable registro fotográfico. En la imagen de los asistentes, 29 en total, solo hay una mujer, Marie Curie, ganadora de dos premios Nobel. Diecisiete fueron nobeles. Están, entre otros, Albert Einstein y H. Lorentz, quien antes de la publicación de Einstein sobre la relatividad especial (RE) concluyó con un experimento que el tamaño de los objetos varía con la velocidad de desplazamiento. Ecuaciones llamadas transformaciones de Lorentz son iguales a las de la RE. Einstein reconoció su aporte. Están en la foto los grandes de la teoría cuántica: Schrödinger —sí, el del gato—; Louis de Broglie, quien con un desarrollo teórico mostró la estabilidad del átomo; Max Planck, el padre de la teoría, quien demostró que no puede dividirse indefinidamente la energía; M. Born y N. Bohr, quienes discutieron en la mesa con Einstein sobre el carácter no determinístico de la naturaleza, pero no lo convencieron: Einstein siguió firme con su frase “Dios no juega a los dados”. Aparecen también Pauli, Langevin y Compton, conocido por el experimento que confirma la teoría de Planck. La casi totalidad del nuevo conocimiento de la física y la cosmología lo produjeron los fotografiados.

Todos tenían una característica común: su pasión por conocer los secretos del universo y una sólida formación humanística. Los guiaba el placer del conocimiento por el conocimiento. ¿Qué hubieran pensado de las palabras de la vicepresidenta de Colombia cuando afirma que “el conocimiento por el conocimiento es solo vanidad. La aplicación del conocimiento por el bien de la humanidad es lo que tiene impacto y hace la diferencia”?

Los intereses de este grupo eran conocer los secretos del universo: cómo se creó, cómo evoluciona. Nada más alejado de las aplicaciones prácticas. Buscaban comprender el comportamiento del átomo: cómo puede ser estable sin que colapsen los electrones en el núcleo, por qué todos los electrones son iguales. La vicepresidenta los descalificaría llamándolos vanidosos.

Bartolo Luque dice, sobre la fotografía: “Quizás solo Rafael haya llegado a dar forma con su imaginación y pinceles a una reunión semejante al talento en su fresco La escuela de Atenas”.

 

Ninguno de estos científicos estaba interesado en aspectos del tipo de índice de citaciones, obtención de patentes, número de artículos publicados o cuál era la aplicación de sus teorías. Los motivaba el deseo de dar un paso más adelante en la comprensión del mundo.

Noventa años después de la foto, la Universidad de Trento realizó otra similar con 31 científicos. A diferencia de la de 1927, en la cual hay 28 hombres y una mujer, en esta hay 30 científicas y un solo hombre, Guido Tonelli, quien obtuvo su puesto en la foto por su participación en el descubrimiento del bosón de Higgs, la partícula de Dios (the God particle), también llamada la partícula maldita (the goddamn particle), por lo elusiva que era su obtención.

 

En el año 2022 se realizará el próximo Congreso Internacional de Matemáticos. ¿Qué pensarán sus asistentes si llegan a saber que su trabajo es descalificado por una alta funcionaria de un país, llamándolos vanidosos?

El fotógrafo de la Conferencia Solvay de 1927 fue Benjamin Couprie.

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