El actual debate sobre la reestructuración del SENA trasciende la discusión sobre los aspectos técnicos y jurídicos de los decretos y reformas, para dedicar especial atención a lo neurálgico de la política que en materia educativa impulsa el Plan Nacional de Desarrollo y su programa de Revolución Educativa, en particular, los lineamientos definidos por Uribe Vélez como política oficial para el Servicio Nacional de Aprendizaje.
En tal contexto, la preocupación fundamental de trabajadores y alumnos se centra en temas como la ampliación de la cobertura, las competencias laborales y la modificación de los planes de estudio, la fragmentación y recorte de los cursos, la _tercerización_ de la formación profesional, el desvío de los recursos al Fondo Emprender y a otras actividades distintas a la misión del instituto. Así también, preocupa el nuevo mecanismo para acceder al contrato de aprendizaje; la nueva planta de personal y el despido de más de mil trabajadores; el congelamiento y desmonte de la nómina de instructores, especialmente de planta, la falta de dotación, la obsolescencia de los equipos y maquinaria, la entrega al sector privado de la infraestructura de los Centros de Desarrollo Tecnológico, la autofinanciación, y en especial, el desmonte de la gratuidad de la formación profesional con el cobro de los cursos ofrecidos por la entidad.
Todos estos elementos hacen parte de la conspiración que Uribe y su sequito de neoliberales han orquestado para deformar al SENA, meter al sector privado en el _negocio_ de la capacitación y adecuar la mano de obra de los jóvenes trabajadores a las exigencias del libre mercado.
Fragmentación de los cursos, cobertura y competencias laborales
Para cumplir con las exageradas metas de cobertura contempladas en el Plan de Desarrollo y la llamada Revolución Educativa, la Dirección General del SENA, a cargo de Darío Montoya, ha promovido, bajo los preceptos de las llamadas Competencias Laborales, un dispendioso plan de reformas académicas cuyo fin es fragmentar y recortar los programas, suprimiendo, para tal efecto, un cuantioso numero de módulos y contenidos académicos. El propósito es _dividir los cursos largos_ y dar paso a una gran cantidad de pequeños cursos, de hasta 10 y 20 horas de duración, con unos planes de estudio escuetos y mutilados. Se espera así abultar las estadísticas, mostrar un incremento de la oferta, y generar una ampliación artificial de la cobertura, tal como lo pretenden las exigencias oficiales.
Al debate sobre la cobertura y la reformas académicas se le suma el hecho de que el método utilizado para cuantificar el número de alumnos capacitados carece de toda validez, pues en las condiciones que impuso el esquema de Competencias Laborales, un mismo alumno puede matricularse en varios módulos y aparecer registrado con varias matrículas, lo que obviamente contribuye a inflar las estadísticas y a mostrar un crecimiento falso del número de alumnos atendidos.
Las reformas académicas tienen también como fundamento las mencionadas Competencias, que, contrariamente al modelo de capacitación integral que ha dominado por años la enseñanza en el SENA, se encargan únicamente de desarrollar unas cuantas _destrezas_ y _habilidades operativas_, adecuadas solo para áreas específicas de la producción. No se orienta a impartir una formación _integral_, sino fragmentada e instrumental, apropiada para la división de los oficios en las maquilas contempladas en el ALCA.
Autofinanciación y desmonte de la gratuidad
Desde su creación hace más de 47 años, el SENA se ha sostenido con los aportes parafiscales y no se ha visto condenado a recurrir a la venta de sus bienes o servicios para financiar los programas de inversión y los gastos de funcionamiento. Por el contrario, aunque nunca han sido suficientes, esos aportes han bastado para capacitar gratuitamente a más de 28 millones de jóvenes colombianos. Hoy, con la reestructuración, se dan las condiciones para que el SENA se convierta en una especie de entidad _rentable_, obligada a generar sus propios recursos. De hecho, en los decretos se pide la apertura de una_cuenta independiente_en la que el SENA consigne los recursos por concepto de _venta de bienes y servicios_ y en la que se incorporen, además, las utilidades derivadas del cobro de los cursos que hará el SENA de ahora en adelante.
Así las cosas, la entidad tenderá a la autosuficiencia y la formación profesional empezará a concebirse como una simple mercancía, y bajo tal condición, podrá ser ofrecida en el mercado y vendida a aquellas personas con suficiente capacidad de pago. Esto, lógicamente, desmonta la gratuidad de la formación profesional y privatiza al SENA.
La situación preocupa, pues si tomamos en consideración los actuales desniveles financieros, causados por el acumulado de recortes y por el desvío de los recursos, la tendencia es a que las _rentas propias_ sean cada vez mayores y a que pasen, luego de una primera etapa en la que cumplirán un papel auxiliar y complementario, a constituirse en recursos básicos y primarios del presupuesto para cubrir los gastos de funcionamiento e inversión. Cuando esto ocurra, del carácter público y gratuito del SENA no quedará absolutamente nada.
Otra concesión al sector privado
Uno de los aspectos fundamentales de la Ley 119 de 1994 es haber otorgado al SENA la misión de _ofrecer y ejecutar la formación profesional integral_. Con el decreto 249 de reestructuración, se reformula este criterio y a cambio se convierte al SENA en una especie de ente encargado de _dirigir, coordinar y evaluar la ejecución de programas de formación_. En otras palabras, el gobierno acaba con la misión del SENA de impartir capacitación y les abre el camino a otras entidades para que asuman tal labor.
En correspondencia con lo anterior, la dirección podrá suscribir convenios con entidades educativas públicas o privadas para que ofrezcan la formación profesional. El SENA se encargará tan solo de certificar, luego de haber _reglamentado las condiciones y características de la formación_ que impartirán dichas entidades. De esta forma, el SENA pierde su carácter formador y se convierte en un ente certificador.
Vemos como agravante que no solo se desmonta la misión del SENA al entregar la capacitación a terceros, sino que se comete un exabrupto mayor al ceder los recursos y las instalaciones a estas otras entidades. Así lo contempla el artículo 3 del decreto 249, en el que se establece que el SENA _cofinanciará_ aquellos programas de formación ofrecidos por otras entidades a través de los convenios, y el artículo 4 del mismo decreto, mediante el cual se obliga al instituto a permitir que la infraestructura de los Centros de Desarrollo Tecnológico sean utilizados por los empresarios y otras entidades.
_Autogestión_, un azote más a los alumnos
Con la Reforma Laboral del 2002, que modificó las condiciones del contrato de aprendizaje, los alumnos fueron despojados de todo vínculo laboral con las empresas. A ellos, además, les fueron conculcadas las garantías y prestaciones laborales que les aseguraba la ley. Todo han sido recortes. Se pasó del pago del 75% del salario mínimo mensual vigente en la etapa lectiva al 50%, y del 100% en la etapa productiva al 75%, sin prestaciones de ninguna naturaleza. Ahora, bajo la presión de algunos oportunistas del sector empresarial, Uribe firma una reestructuración que empeora el contrato de aprendizaje y las condiciones para acceder al patrocinio. La gestión del patrocinio pierde el carácter institucional al dejar de ser un trámite que el SENA realizaba ante las empresas por conducto de la Promotoría de Aprendices y, en su lugar, queda a los avatares de la autogestión por parte de los alumnos, quienes seguramente tendrán que soportar los caprichos y el chantaje de las empresas o poner a prueba su capacidad de maniobra, o entregarse, en algunos casos, a la mendicidad para así acceder al patrocinio.
Recortes al presupuesto y desvío de los recursos
Los recursos parafiscales, consistentes en los aportes que hacen los trabajadores colombianos por medio de un porcentaje que los patronos extraen de la nómina de las empresas, constituyen la base presupuestal del SENA. El Estado, es claro, no aporta un solo centavo. En los últimos lustros, no obstante, los gobiernos han esquilmado el presupuesto del SENA por la vía de los congelamientos y recortes y autorizando que los recursos de la formación profesional se destinen al apoyo de programas externos. Con los recursos del SENA se financian actividades tales como la de subsidiar a las madres cabeza de familia y a los reinsertados y la de fortalecer a las fuerzas militares. Se desvían además recursos al Fondo Emprender, que, según el ideario uribista, se orienta a estimular con micro créditos la pequeña empresa. De hecho, en 2003, según estimativos de Sindesena, por este concepto se desviaron algo más de 70 mil millones de pesos. Y si a esto le adicionamos el congelamiento presupuestal impuesto por Pastrana y el reciente recorte hecho por el Congreso, que le arrebató a la entidad algo más de 200 mil millones de pesos, se hace aún más evidente que los dos últimos gobiernos están empeñados en usurpar el presupuesto y en descargarle al SENA obligaciones que corresponden al Estado.
OCE y Anetsena, baluartes de la pelea
Fracasado el ensueño de la _concertación_, que entrabó la pelea y trajo consigo un periodo de incertidumbre y confusión, se dio inicio a una fase de agudo enfrentamiento con el gobierno de Uribe y con la Dirección General del instituto. La razón, los decretos liquidacionistas. De inmediato, la estupefacción se transformó en ánimo de pelea y se pasó de la funesta conciliación a la lucha abierta y organizada. Los alumnos, tomados por sorpresa, recibieron la voz solidaria de la OCE, que no ahorró esfuerzos hasta ponerlos en actitud combativa.
A través de asambleas, mítines, tomas y aguerridas marchas, la OCE elevó el espíritu antes abatido del estudiantado a la categoría de lucha, y esta a su vez, tomó unas necesarias dimensiones nacionales. En ese momento, la dinámica de la batalla, incipiente y desorganizada en una primera etapa, sentó las condiciones e impuso la urgente necesidad de cualificar la lucha. La OCE entendió que no podía derrotarse a un enemigo tan recalcitrante como el de Uribe sin contar con bases organizadas, programa acertado y correlación de fuerzas favorable. Así fue como nació la organización nacional de los alumnos del SENA, Anetsena, construida con esfuerzo, desde abajo, con un programa mínimo que sintetiza los requerimientos más sentidos de la población estudiantil. Todo esto fue obra de un grupo de dirigentes estudiantiles que, aplicando métodos correctos, promovieron un proceso de análisis rigurosos y debates amplios, el cual terminó trazando una ruta de combate, definida como democrática y antiimperialista.
Anetsena, al igual que su coordinadora, la OCE, es una organización centralizada y democrática, despojada de todo sectarismo y dogmatismo; tiene como propósito salvaguardar al SENA y hacer respetar los derechos de los alumnos, y en este marco, busca contribuir a conformar una organización nacional única que agremie a los alumnos del SENA y luche por asuntos de vital importancia para el país como la soberanía, el trabajo y la producción nacionales, y contra políticas de marcado carácter recolonizador como el ALCA y el TLC que impulsan los Estados Unidos.