Jorge Enrique Robledo Castillo

El Concejo Municipal autorizó al Alcalde de Manizales para privatizar lo que quedaba de las Empresas Públicas. Para tal efecto, se crearon dos nuevas compañías de capital mixto: Aguas de Manizales, encargada del acueducto y el alcantarillado, y Emtelsa, responsable de la telefonía. El plan consiste en vender cuanto antes el 49 por ciento de las acciones de Emtelsa a los particulares, pero no sería de extrañar que luego se enajenará el resto. Como el acueducto y el alcantarillado nadie los compra porque no pueden ser rentables, el municipio se quedará con ellos, pero los entregará en administración, para que haga su ganancia, al capital privado.

Dado el afán de feriar la telefónica, de lejos el más rentable de los activos que posee el municipio, urge analizar las conveniencias de ese negocio. Para otro día se deja el caso del acueducto y el alcantarillado.

Así debe empezar señalándose que, en ninguno de los documentos o explicaciones aportados para justificar la privatización de la telefónica se dieron razones económicas -ni claras ni confusas, ni vagas ni precisas- acerca de por qué debe venderse esa empresa. Los documentos con los cuales se supone se “demostró” el acierto de vender lo mejor del patrimonio de los manizaleños apenas repiten los lugares comunes que emplea el neoliberalismo para justificar sus hazañas: “que el Estado es mal administrador”, “que el monopolio es malo”, “que la ineficiencia es mucha”, “que las amenazas del futuro”…

Entonces, aquí se expondrán cifras y argumentos que le permitan a los manizaleños opinar sobre lo que más les conviene realmente, colocando el debate en el terreno del cubrimiento del servicio, del desarrollo tecnológico, de las pérdidas y las ganancias y del futuro de la telefónica, al margen de la basura ideológica con la que la banca internacional aúpa en el mundo unas privatizaciones que, como se sabe, hace parte de las maniobras estratégicas de los grandes capitales de los países que la controlan, principalmente norteamericanos.

Su cubrimiento

La empresa tiene 98.288 líneas telefónicas en planta interna y está instalando 1.200 teléfonos inalámbricos en las zonas rurales. También posee un plan de crecimiento, con créditos ya aprobados por el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda, para colocar, de ahora al año 2004, 81.600 teléfonos más, de los cuales se adelantan los trámites para instalar, en los próximos dos años, 15.000. Si el plan se desarrolla de acuerdo con lo previsto, habrá 180.032 líneas en el 2004, para atender a Manizales, Villamaría y Palestina, puesto que a los dos últimos municipios también los cubre la telefónica. No obstante, seguramente no se requerirá de toda esa expansión, porque el proyecto se realizó con los índices de crecimiento económico anteriores a la crisis que azota a la región y al país.

Las cifras sobre el número de líneas son bastante buenas, en relación con los indicadores internacionales. La densidad telefónica de Manizales llega a 25.45 teléfonos por cada cien habitantes, lo que la coloca entre las tres ciudades mejor dotadas de Colombia, y muy cerca de Medellín, la primera, que posee 26.36 líneas por cada cien habitantes. Y según los planes, en el 2004 la capital de Caldas tendrá 35.04 teléfonos por cada cien habitantes, una densidad sobresaliente. La mayor ciudad de Argentina posee 17.99 teléfonos por cada cien habitantes, la de Brasil 10.39, la de Chile 14.64, la de México 12.08 y la de Venezuela 16.08 (Ver cuadro No 1). El caso de Manizales, inclusive, puede compararse favorablemente con Estados Unidos; allí la densidad es de 60, un poco más del doble, pero hay que tener en cuenta que su Producto Interno Bruto por habitante supera en diez veces al colombiano.

Su tecnología

En este aspecto su desarrollo sí que es notable. El 100 por ciento de sus líneas tiene tecnología digital (AXE), un cable de fibra óptica interconecta las plantas de la ciudad y ya entró en telefonía inalámbrica. Aunque parezca mentira, su porcentaje de líneas digitales supera al de muchas de las mayores telefónicas del mundo. Por ejemplo, el nivel de digitalización de British Telecom (Inglaterra) es del 64 por ciento, de STET (Italia) es del 48 por ciento, de Nipon Telephone and Telegraph (Japón) es del 50 por ciento y el del promedio de las operadoras locales de Estados Unidos es del 56 por ciento; por su parte, Medellín tiene en esta tecnología el 64 por ciento de sus líneas (Ver cuadro No 2).

Sus finanzas hoy

Tampoco puede decirse que la telefónica deba venderse porque sus finanzas sean deficitarias. Los diferentes indicadores muestran realidades positivas. Entre 1992 y 1995, sus activos pasaron de $9.599 millones a $36.717 millones; su patrimonio se incrementó de $4.831 millones a $21.353 millones; y las utilidades fueron de $3.063 millones en 1992, de $4.222 millones en 1993, de $8.040 millones en 1994 y de $7.104 millones en 1995. A su vez, tiene bajos niveles de endeudamiento: los pagos por obligaciones de largo plazo fueron de $1.962 millones, $4.320 millones, $4.940 millones y $3.141 millones en esos mismos años, respectivamente (Ver Cuadro No 3).

Las anteriores cifras se traducen en que los activos crecieron el 382 por ciento en los últimos cuatros años y en que el patrimonio aumentó el 441 por ciento en el mismo lapso, en tanto que el pago de deuda, como proporción de los activos, pasó del 20 por ciento al 8.5 por ciento. Y la tasa de retorno (utilidad con respecto al patrimonio) fue del 63, 46, 47 y 33 por ciento en 1992, 1993, 1994, y 1995, respectivamente, cifras que ya se las quisieran todos los negocios lícitos del país.

Sus finanzas futuras

¿Pero será que el negocio se dañará en el futuro? La Dirección de Planeación de las Empresas Públicas de Manizales hizo un interesante estudio acerca de cómo le iría a un particular que comprara el 50 por ciento de la telefónica por $38.000 millones, y pagando la mitad de esa suma mediante un préstamo bancario con intereses del 30.25 por ciento anual. Además, el análisis supuso una empresa con cero de pasivos laborales y de deudas anteriores a la venta, personal contratado según la Ley 50 e incrementos de tarifas de acuerdo con la inflación.

El ejercicio dio como resultado que entre 1996 y el 2010 los activos crecerán el 583 por ciento, el patrimonio aumentará el 1.047 por ciento y el pago anual por deuda -del crédito para comprar la empresa y de las nuevas inversiones- evolucionará, frente a los activos, del 12 por ciento a menos del uno por ciento. El estudio concluye que la empresa “tendrá superávit de tesorería durante los próximos quince años”, dice que “los principales indicadores financieros muestran un comportamiento favorable, sobre todo los que miden la eficiencia que muestran rentabilidades brutas, operativas y netas considerables” y concluye que, “con el esquema tarifario propuesto, la tasa interna de rendimiento es del 37 por ciento, lo que significa que el proyecto es muy atractivo -para quienes lo compren, sobra advertir- en las condiciones planteadas”. Y el negocio para el comprador sería mejor que lo inferido, porque las cuentas se hicieron suponiendo 106 mil líneas en el 2010 (y no bastante más, como seguramente será) y sin tener en cuenta un nuevo hecho que se sabe viene en camino: un notable incremento en las tarifas.

¿Amenazas ciertas?

¿Desean vender, entonces, porque la empresa será irremediablemente destrozada por sus competidores futuros, según se rumora pero no se demuestra? Para analizar este punto hay que aclarar, de entrada, que la importancia de la telefonía básica, es decir, la que se presta con los teléfonos que hoy se tienen en las residencias y oficinas, no desaparecerá en el futuro, como lo ha explicado Carlos Guillermo Alvarez, Director del Postgrado de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. En Estados Unidos, por ejemplo, la telefonía celular y la móvil, más las redes de valores agregados, apenas participaron con el 11.2 por ciento del total de la ventas de telecomunicaciones en 1994 (Ver Cuadro No 4). El mismo autor también explica que, en 1993, sólo el 15 por ciento de todo lo que vendieron las ocho mayores empresas de telecomunicaciones del mundo tuvo origen en operaciones internacionales. Y no sobra agregar que los operadores de larga distancia y de celulares deben pagar por el uso de las redes locales, sin las cuales, en la casi totalidad de los casos, sus llamadas no llegan a ninguna parte.

Por otra parte, y dado el desarrollo tecnológico de la telefónica de Manizales, la empresa está bien dotada para participar en casi todos los exageradamente llamados “negocios del futuro”, los cuales, como se ha visto, no serán mayores que el gran negocio del presente: la telefonía básica.

Se ha especulado que sólo podrán sobrevivir las empresas prestadoras del servicio de telecomunicaciones que posean el respaldo de capitales de envergadura global. Pero las evidencias muestran otra cosa, porque, como se sabe, el costo de la tecnología viene disminuyendo. Mientras en 1982 a Manizales le costó a mil dólares instalar cada teléfono en planta interna, en 1996 le cuesta a sólo doscientos dólares. Nadie puede demostrar que la telefónica de la ciudad no sea capaz de financiar el crecimiento del servicio que requiere y el afinamiento de su calidad.

Por el cubrimiento, las finanzas y el desarrollo tecnológico de la telefónica de Manizales, es muy probable que ninguna empresa privada se arriesgue a competirle en toda la ciudad. Cuando mucho, alguna podría intentar arrebatarle los mil mejores clientes -la crema del negocio-, ofreciéndoles calidades especiales en el servicio que hoy no tienen, tales como mejor confiabilidad y mayor velocidad en transmisión de datos. Pero ese competidor podría ser derrotado con inversiones relativamente bajas, siempre y cuando exista el propósito de hacerlo. Sería bueno que quienes administran la empresa explicaran si ya están cubriendo este flanco, porque se sabe que Telecom se mueve en esa dirección.

La venta de la mitad o de toda la telefónica de Manizales a una transnacional ni siquiera estimularía la competencia en el servicio. Si el ingreso de competidores resulta bien dudoso sin socios extranjeros en la empresa, más lo fuese con la presencia de éstos, por lo comunes que son los acuerdos intermonopólicos y el inevitablemente pequeño mercado que ofrece la ciudad. Simplemente, se sustituiría un monopolio estatal por uno privado, con las consecuencias dañinas que son de suponer. Por otro lado, el accionista foráneo podría generar otra repercusión negativa si, al mismo tiempo, tuviera intereses en alguna fábrica de equipos de telecomunicaciones: desaparecería la posibilidad de escoger la tecnología y sus costos en el mercado mundial, porque ese accionista impondría sus equipos y sus precios.

Lo institucional

También se ha dicho que los establecimientos públicos se deben privatizar porque poseen un régimen administrativo y de contratación que los hacen lentos frente a la competencia. Pues bien, eso también podría resolverse sin feriar el patrimonio de la ciudad. Bastaría convertir la telefónica en una empresa industrial y comercial del Estado y proceder conforme a la Ley 142 de 1994, la cual ordena contratar y administrar según el derecho privado.

A la opinión pública se le ha endulzado el oído hablándole de los recursos que le entrarían al municipio por las enajenaciones, al tiempo que vela el hecho cierto de que las actuales utilidades de la telefónica, y las mayores del futuro, las disfruta el municipio. Tampoco se resalta que una parte considerable de los ingresos de la venta se usarán para crear un fondo pensional, para pagar las indemnizaciones de los trabajadores y empleados despedidos y, muy seguramente, para cancelar la actual deuda bancaria contraída, porque todo apunta a que Emtelsa, es decir, sus socios privados, se aprovechen de una empresa “cero kilómetros”. Y no hay que olvidar que lo que quede se aplicará a “gasto social”, el eufemismo tras el cual intentan ocultar en Colombia el pago de la clientela.

Una de las facetas más lamentables de este proceso la aportó el concejo municipal de Manizales. Tan errada definición se votó por unanimidad. Y de acuerdo con lo ocurrido en las sesiones, a nadie se le ocurrió preguntar siquiera por qué se debía vender el mejor negocio que posee el municipio; a todos las bastó con los consabidos espejitos ideológicos.

Conclusiones

Luego de las cifras y los comentarios anteriores, las conclusiones saltan a la vista:

1. La telefónica de Manizales es una empresa eficiente en términos financieros, tecnológicos y de cubrimiento. En honor a la verdad hay que decir que nunca tuvo problemas por sus costos laborales; a los trabajadores y a los empleados que hoy lanzan al desempleo no les dan ese trato por una necesidad del desarrollo de la ciudad, sino para atender el insondable afán de lucro del capital privado.

2. La telefónica de Manizales es hoy un buen negocio. Y lo será mejor en el futuro, dados los menores costos laborales ya impuestos y los incrementos en las tarifas que se avecinan.

3. No hay ningún estudio que demuestre que la telefónica tiene su futuro amenazado. Los privatizadores apenas alegan manidas argumentaciones ideológicas. Y de acuerdo con las cifras, la empresa de teléfonos está en capacidad de enfrentar y vencer a quien se atreva a competirle. No fue por tontos que los concejales de Bogotá, Medellín y Cali, donde las posibilidades de los competidores son mayores, se negaron a privatizar sus empresas, a pesar de las presiones de la banca internacional.

4. Extrañamente, no se va a vender un negocio por malo sino por bueno. La única explicación que se ha oído de este absurdo señala que el secreto reside en la lógica tan particular con la que toman sus decisiones los directorios políticos que gobiernan a la ciudad.

5. Seguramente, se pasará de un monopolio estatal a uno privado y, para peor, foráneo. Por obvias razones, la situación para los usuarios será más mala y el trabajo de los manizaleños no acumulará riqueza en la ciudad sino en el extranjero.

Todavía no es tarde para impedir el peor negocio que se le haya propuesto a los manizaleños en toda su historia. Basta con que el Concejo Municipal decida que Emtelsa pase de empresa de economía mixta a empresa comercial e industrial del Estado. Las fuerzas vivas de la ciudad, y todos, quienes edificaron una telefónica que es por muchas razones ejemplar, tienen el deber de defender el patrimonio común.

Manizales, julio 29 de 1996.

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