Libardo Gómez Sánchez, Neiva, enero 28 de 2019
Aristóteles en su texto sobre la Ética inicia preguntándose cuál es el fin de las acciones humanas, al mismo tiempo diferencia entre el propósito y los medios para llegar a él, afirmando que si el fin es equivoco, de igual forma los son los medios. Supone en su argumentación que el fin fundamental del hombre es alcanzar la felicidad, la cual logra solo si su accionar es recto, con lo que termina atribuyendo a las virtudes la oportunidad de alcanzar la anhelada dicha. Por supuesto para él, que goza de la condición de esclavista la felicidad no es la misma del esclavo, la suya deriva de los privilegios de ser servido y supone para los otros la obligación de servir a sus amos. Siempre ha sido así en todas las sociedades, la suerte de quienes detentan el poder y el control de la riqueza, no es la misma de quienes no lo tienen, aunque pretendan presentarlos como iguales.
A la luz de estas reflexiones casi tan antiguas como la humanidad misma, al menos las que corresponden al hombre liberado de la opresión de la naturaleza, no al hombre primitivo, vale la pena revisar las razones que aduce el ELN para perpetrar el acto terrorista en la Escuela General Santander en la que perdieron la vida una veintena de jóvenes que se preparaban en dicha institución y a la que en un comunicado califica como un acto legitimo de guerra.
Las agrupaciones armadas que han desfilado por nuestro territorio, han pretendido representar al pueblo y han adelantado todo tipo de acciones ignorando su estado de ánimo, dejando a un lado las posiciones que se mueven en su seno, que varían dependiendo del sector social a que correspondan, desconociendo sus intereses que no son siempre los mismos como veíamos con Aristóteles, pero a la hora de la verdad cuando dan rienda suelta a sus disparates, si el asunto no resulta como esperan o no tiene la acogida que suponen, en lugar de reconocer su error, justifican el resultado achacándole la culpa a otros , o a un imprevisto que se presenta; sus derrotas las explican como consecuencia de la perversidad del contrario, no como el resultado del uso de tácticas inadecuadas, desenfocadas.
Se percibe en su conducta un afán desesperado por alcanzar sus metas, con lo que terminan obteniendo resultados totalmente contrarios a sus propósitos, con sus acciones contribuyen a fortalecer las filas de sus enemigos ofreciéndoles argumentos para deslegitimar sus objetivos.
Ninguna iniciativa por fuera del querer de las masas populares, llega a feliz término, el individuo no puede suplantar a la colectividad. De igual forma un Estado pierde su representatividad cuando vulnera los derechos de los individuos y de las comunidades.
Como sentenciaba Sun Tzu en el arte de la guerra: la mejor victoria es vencer sin combatir.