José Arlex Arias, Cartagena, diciembre 24 de 2018

Los ajustes que realiza el modelo neoliberal sobre el sistema económico de los países que lo aplican, afectando especialmente a las clases media y pobre, con el objetivo de concentrar las riquezas en los potentados, lo que les garantiza una altísima tasa interna de retorno o ganancias ­–como ha quedado demostrado con las cifras de los propios organismos internacionales–, implica una reacción de parte de los afectados negativamente, quienes se ven obligados a defender sus derechos fundamentales a un trabajo digno y bien remunerado, salud, educación y servicios públicos esenciales, entre muchos otros. Con el objetivo de controlar esa lucha de las clases media y pobre, el modelo neoliberal mediante la manipulación, introduce varias teorías, entre ellas la de la conciliación o concertación, que busca “desarmar” su espíritu de lucha, vendiéndoles el argumento de que no vale la pena protestar. A ello le agregan una poderosa fuerza militar disuasiva, al estilo Esmad, con la cual agreden e incluso asesinan, para así acobardar a los manifestantes o, ante su reacción defensiva, estigmatizarlos como terroristas o vándalos.

 

Esto lo estamos viendo en muchos países del mundo. Han sido grandes las batallas de las clases media y pobre para evitar que les sean conculcados sus centenarios derechos fundamentales, así como para reconquistar los que les han arrebatado. La última gran muestra de movilización la aportan los “Chalecos Amarillos” de Francia, cuya lucha inició en contra del exagerado y “upaquizado” aumento de los precios de los combustibles; pero la respuesta masiva de toda la población en las protestas en contra de estas medidas ha llevado a elevar la exigencia a la salida del presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien es un tipo de la generación joven neoliberal, que suben al poder, como lo hizo Iván Duque en Colombia, sobre la base del clamor de la población en que haya cambios favorables a su situación, pero en realidad son farsantes puestos por potentados y poderosos del mundo.

 

Si fuéramos a elegir un personaje del año en Colombia, debe tenerse en cuenta de manera general todas las protestas y manifestaciones que se realizaron, y de forma particular a los miles de estudiantes, docentes y directivos docentes que durante 66 días se tomaron las calles, avenidas y plazas de todo el país, defendiendo la educación pública superior ante el avance neoliberal que, a través de la “desfinanciación”, busca marchitar los claustros universitarios y tecnológicos, los cuales se caen a pedazos, precarizar las condiciones de los profesores y dejar de invertir en elementos que garanticen una educación de alta calidad. Después de más de diez movilizaciones, estudiantes golpeados –uno de ellos perdió un ojo–, muchos presos y de la identificación de policías infiltrados para provocar y justificar las golpizas, el gobierno de “UriDuque” fue derrotado con la firma de un acuerdo, que además de conseguir unos recursos financieros muy importantes –$4.5 billones adicionales–, promete el desarrollo de un marco legal que busque detener la privatización de la universidad pública, que es la vanguardia del desarrollo científico, económico y social del país. Quedó demostrado: ¡vale la pena luchar!

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