José Arlex Arias, Cartagena, octubre 8 de 2018

El Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó el pasado 26 de septiembre una resolución sobre la crisis humanitaria de Venezuela, que contó con 23 votos a favor, 7 en contra y 17 abstenciones, mediante la cual: presenta preocupación por violaciones a los derechos humanos, exhorta al gobierno venezolano a que acepte la asistencia humanitaria, lo insta a que coopere con la Oficina del Alto Comisionado y los mecanismos del Consejo de Derechos Humanos y le solicita a la alta comisionada de la ONU para derechos humanos, Michelle Bachelet, que prepare un nuevo informe sobre la situación en Venezuela que será sometido al “Consejo de Derechos Humanos” en su 14º periodo de sesiones. De otra parte, Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Canadá y Francia se unieron para impetrar una demanda formal ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional pidiendo que investigue los crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

 

Estos hechos se dieron en el marco de la 73 Sesión General de la ONU, con una actitud de Donald Trump, en contra del presidente de Venezuela, que lleva a pensar que EEUU está preparando el camino para otra de sus sangrientas intervenciones militares, que arrasan la soberanía y la autodeterminación, se apropia de los recursos naturales y causan dolor y miseria. Así lo hizo en Granada en 1983, bajo el pretexto de proteger a estudiantes de medicina estadounidenses; en Panamá, sobre la que tras fallidos golpes de Estado, George Bush ordenó la operación Causa Justa; en Irak en 1991, al que acusó de un presunto ataque contra Kuwait, para lanzar la operación Tormenta del Desierto; en Somalia en 1993,  en cuya intervención EEUU y la ONU lanzaron la nueva operación Continuación de la Esperanza, para tratar –sin éxito– de atrapar a Mohamed Farrah Aidid, un líder que aspiraba a tomar el poder; o Yugoslavia en 1995, con la operación Fuerza Deliberada con la cual los serbios de Bosnia fueron sometidos a bombardeos; Afganistán y Sudán en 1998, en donde EEUU lanzó la operación Alcance Infinito; en Yugoslavia en 1999, que bajo el pretexto de las denuncias de limpieza étnica y crímenes de lesa humanidad fue atacada con cohetes y bombas; en Afganistán en 2001, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, donde George W. Bush lanzó la operación Justicia Infinita o Libertad Duradera –aún los estadounidenses se encuentran en retirada–; o en Irak, 2003, allí EEUU puso en marcha la operación Libertad Iraquí, retirándose solo en 2011; en Pakistán, Yemen y Somalia en 2002, con el uso de drones para poner en práctica una parte integral de su estrategia de guerra; o Libia en 2011, cuando EEUU lanzó bombardeos y asesinaron al presidente Muammar Gaddafi.

 

Casi todas las intervenciones militares tuvieron falsas motivaciones y la verdadera razón era para apoderarse de diversos recursos. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, por eso no cabe duda de que EEUU está alineando sus halcones para su retoma, incluida la intervención militar, con participación muy activa del gobierno de Iván Duque. Los pueblos tienen derecho a darse su propio gobierno, independientemente de que fallen en su elección. ¡Los demócratas del mundo rechazamos las intervenciones en los asuntos internos de los países!

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