José Arlex Arias, Cartagena, junio 12 de 2018

Quienes han dominado el poder en Colombia toman diferentes formas, según el momento histórico y/o las circunstancias políticas, económicas y sociales, y el panorama nacional e internacional. La formación de los partidos Liberal y Conservador tuvo una hegemonía que condujo al país a la severa crisis en que nos encontramos. Entre 1958 y 1974, en el denominado “Frente Nacional” decidieron alternarse el poder y la burocracia, hasta el colmo de que en las hojas de vida para un cargo tenía que incluir la filiación política, proscribiendo cualquier libertad de pensamiento. Estos dos partidos, amén de otros actores, son los causantes de la violencia, discriminación y dicha crisis económica y social. Lo anacrónico de su funcionamiento, la corrupción de la inmensidad de sus dirigentes, la politiquería y el clientelismo los llevaron a la descomposición, por lo cual, sin cambiar la ideología, muchos de sus políticos optaron por crear nuevos partidos, como una especie de hijos putativos.

 

Como disidente del partido Liberal, Álvaro Uribe crea “Primero Colombia”, con el cual es elegido presidente en 2002; luego cambió la Constitución para que lo reeligieran en el 2006 y pretendió un tercer período, que fue impedido por la Corte Constitucional. Uno de sus mosqueteros, Juan Manuel Santos, entonces liberal, ministro de Comercio Exterior de César Gaviria, de Hacienda de Andrés Pastrana y de Defensa de Uribe, dejó el cargo en 2009 para crear el partido de La U, con el que se hace elegir a la presidencia en 2010 y 2014, armando una coalición llamada Unidad Nacional, que aglutinó toda la variopinta de gamonales y clientelistas políticos, mientras que Uribe crea el Centro Democrático, quitándole el respaldo a Santos en lo relacionado con el Proceso de Paz, pero aprobándole todas las reformas impuestas por los Estados Unidos, a través de la Banca Multilateral y las organizaciones utilizadas para mantener la hegemonía global. Justificando el apoyo al Proceso de Paz, Santos llama a los sectores denominados de izquierda para que lo respalden –entre los que acude Gustavo Petro–, mientras profundiza su política neoliberal que causa desastres económicos al aparato productivo del país y antisociales contra toda la población.

 

En los actuales comicios de presidente nos encontramos que la Unidad Nacional con los partidos Conservador y Liberal se unen al Centro Democrático, alrededor de Iván Duque, el escogido de Uribe, con lo cual queda demostrada nuevamente la existencia del “Santismo-Uribismo” como una categoría política. Además, se evidencia que sus diferencias en el Proceso de Paz nunca fueron insalvables, sino secundarias, máxime que es una decisión del imperialismo norteamericano, que ha tenido participación directa en la negociación. El imperialismo ha sabido aprovechar la violencia para manejar la agenda política, económica y social en nuestro país; por eso vuelve a utilizar el Proceso de Paz como un distractor para que no se discutiera en la campaña electoral acerca del modelo económico y social neoliberal, que es demasiado parecido en los programas de los dos candidatos finalistas: Duque y Petro. Por estos elementos, la opción de votar en blanco, además de ser constitucional, deja en claro que existe otro proyecto, el de la Coalición Colombia, que es supremamente diferente. Por lo anterior los demócratas rechazan: ¡la criminalización del voto en Blanco!

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