Mario Alejandro Valencia, Bogotá, marzo 12 de 2018
Acaba de ser elegido el Congreso del periodo 2018-2022. No hay grandes sorpresas en su conformación, aunque sí avances en la oposición. Salvo destacadas excepciones, la esperanza que queda es que el Gobierno que se elija sea diferente. Pero aunque el Congreso sea en esencia igual, los retos son diferentes y mayores, dada la crisis de la economía.
El próximo Gobierno deberá -entonces- ocuparse al menos de tres aspectos principales en materia económica.
1) Una nueva política productiva y de empleo. 28 años de apertura económica son suficientes para demostrar que fue un fracasó. Se prometió más agricultura, industria y exportaciones no tradicionales y ninguna se cumplió. El crecimiento deberá estar atado a la reindustrialización del país. Se debe evitar que sectores claves, es decir, que generan encadenamientos hacia atrás y hacia adelante, como textiles, papel, químicos, cauchos, metalúrgicos y equipos de transporte, sigan desapareciendo. El 73% de estos sectores claves pertenecen a las manufacturas, mientras que la minería no genera encadenamientos.
Crear una política industrial también estimularía la generación de empleo estable, de alta productividad y con mayor remuneración a los asalariados que estimule el consumo.
El principal mercado de cualquier país desarrollado es el interno. El esfuerzo de las exportaciones debe enfocarse en productos de mayor sofisticación y complejidad. Para lograrlo es indispensable evaluar y revisar los acuerdos económicos negociados, que impiden -por ejemplo- establecer requisitos de desempeño a la inversión extranjera, como la transferencia tecnológica.
3) Finalmente, las medidas tributarias y pensionales. Es necesaria una reforma fiscal a fondo. En 20 años se han realizado 13 reformas tributarias con ánimo recaudatorio, que han hecho más desigual y corrupto al país. Una verdadera reforma tributaria en beneficio de los intereses generales debe considerar: i) aumentar los impuestos directos y bajar los indirectos. ii) Reducir la evasión y la fuga de capitales. iii) revisar los beneficios tributarios. iv) considerar la equidad de género y v) hacer más eficiente el gasto público.
También se requiere una reforma pensional, pero no la que plantean ANIF y Fedesarrollo, los mismos que han orientado el modelo económico que mantiene a Colombia en el atraso. Como aspectos generales se debe considerar: i) aumentar la formalización para tener más cotizantes. ii) Eliminar la competencia entre el sistema público y el privado. Se deben establecer pilares, pero no dejando al público con el hueso y al privado con el lomo. El principal problema no es el financiero, sino la naturaleza social del sistema.
Como se ve, el reto es grande. Estas necesidades del país se dan con un congreso dirigido mayoritariamente por la clase política tradicional corrupta. Implementar las reformas que aporten al progreso del país y al bienestar de sus habitantes, dependerá en gran medida de una decisión responsable en las elecciones presidenciales.