José Arlex Arias, Cartagena, septiembre 18 de 2017

Desde Cartagena se despidió de los colombianos el máximo jerarca de la Iglesia católica, el papa Francisco, en un periplo que lo tuvo en el país entre los días 6 y 10 de este mes, con llegada en Bogotá y visita además a las ciudades de Villavicencio y Medellín. La coherencia de sus discursos quedó reafirmada con sus actos, cuando en su paso por Cartagena visibilizó a la “otra Cartagena”, la que vive en medio de la pobreza y la miseria, en donde brillan las tinieblas de la injusticia, la inequidad y la corrupción. Esa misma Cartagena pobre a la que, en una medida insólita, la administración de la alcaldía local pretendió encerrar para que no la vieran, concretamente a la comunidad del barrio Ceballos, apostado frente a Contecar –controvertido sitio donde se hizo la misa campal–, así como a la entrada del emporio de riqueza de la zona industrial de Mamonal.

 

“Desde esta ciudad de Cartagena, sede de los derechos humanos, hago un llamamiento a rechazar todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad’, afirmó. Un llamamiento similar realizó en su homilía en el parque Simón Bolívar de Bogotá, donde con absoluta contundencia expresó: “…Pero también aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que ciega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al Cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que manchan con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas…”. Así mismo, en Villavicencio, ante las víctimas de la violencia del conflicto y conmovido por sus testimonios, advirtió que “en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña”. Sin embargo, pidió a los colombianos que “estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”.

 

Independientemente del credo o dogma de fe que profesemos, de la discusión sobre la igualdad religiosa, de los cuantiosos recursos que el Estado colombiano gastó en esta visita –se habla de más de 28 mil millones de pesos–, de la forma en la que, como pirañas, algunas personas –autoridades civiles, eclesiásticas y militares, políticos y potentados– quisieron apropiarse del personaje, y del tropicalismo de gran parte del periodismo, más dedicado a mostrar detalles inocuos que a contextualizar el llamado con la grave crisis que atraviesa este país, hay que resaltar de Francisco su humildad, su coherencia y la profundidad de su mensaje contra la corrupción, la inequidad y las injusticias, en favor de un diálogo para darle una salida a los conflictos armados; es decir, en términos generales el pontífice nos exhortó al cambio de este modelo neoliberal, exclusivista, privatizador e individualista. No en vano nos dijo: “Que nadie los engañe, no se dejen robar la alegría y la esperanza”. Francisco es un gran aliado en esta lucha: ¡Que el sol salga para todos!

Deja un comentario