“El mercado andino presenta formidables oportunidades para los intereses de US pero sólo si un acuerdo amplio es alcanzado”. “Comercialmente, el mercado colombiano presenta el mayor potencial en la región para el sector privado de Estados Unidos”. Esa es la verdadera historia detrás de las negociaciones del TLC y no la que el presidente Uribe presenta al país, distorsionando gravemente el hecho de que su real beneficiario es Estados Unidos.

Las frases citadas corresponden al “Informe de la Misión comercial a Colombia, Perú y Ecuador” de un subcomité del congreso de Estados Unidos dirigido al Comité de Arbitrios y Medios de la cámara de representantes de ese país, el pasado 7 de septiembre.

Este Informe confirma algunos de los planteamientos de quienes se oponen al TLC y que contradicen la activa propaganda oficial para imponerlo a los colombianos sin importar sus costos. La firma del Acuerdo representa oportunidades “formidables, inmensas -tremendous es el término usado por los congresistas- de negocios para los Estados Unidos”. Esa es la realidad.

Y, añade el informe, si el acuerdo es “comprehensivo”, es decir si abarca además de los grandes beneficios para su agricultura e industria, garantías para sus inversionistas, derechos de propiedad intelectual, ganancias en servicios y la imposición de determinadas reglas y disciplinas. Pero no se trata de cualquier garantía, ni de simples reglas de ordenamiento del comercio como el ministro Botero pretende hacerle creer al país.

NO, el acuerdo constituye una inaudita cesión de soberanía. Sólo faltaría, para hacerla más transparente, que el gobierno norteamericano asumiera la nómina de la administración pública como hacían los imperios en las colonias.

El TLC no sólo arrebata a los colombianos importantes instrumentos de desarrollo, sino que anula hasta la facultad de ejercicio de las políticas macroeconómicas por fuera de la estrecha plantilla establecida por los intereses del capital financiero, en un modelo que resultó lesivo, pero que al menos dejaba algún margen de acción al existir la posibilidad de corregirlo. Con la receta del TLC se está cocinando inclusive la pérdida de nuestra moneda que tanto ansiaba el ministro Carrasquilla.

Tan formidables son estas ganancias para los Estados Unidos que el subcomité del Congreso nos “advirtió” como lo hizo el embajador Wood, que debemos firmar el Acuerdo pues no se ampliarán las preferencias del ATPDEA. Como han develado reconocidos economistas, la pérdida de dichas preferencias es muy baja y afecta a muy pocos sectores y sin embargo por esta “amenaza” se sacrifica el futuro del país en todos los campos.

El citado informe también confirma que el TLC constituye un “acuerdo de adhesión”. Son varios los pasajes de este interesante documento en que los congresistas afirman que debemos sujetarnos a un formato de Acuerdo. “El presidente (del subcomité) reiteró que el FTA andino debe seguir el patrón establecido por los Estados Unidos en los FTA concluidos previamente para maximizar el apoyo del congreso; proponer más no producirá ganancias, sólo retrasos”.

Por ello no es de extrañar la actitud de sumisión del gobierno colombiano ante los designios de Estados Unidos que revela el Informe. Resulta imposible entender que tan “formidables” intereses de Estados Unidos en esta negociación no representen ningún conflicto de interés para los colombianos, a juzgar por el silencio guardado respecto a todos los demás campos de la negociación por los más altos dignatarios del estado colombiano responsables de este acuerdo. Sorprende que en dicha reunión con congresistas estadounidenses y cuyo objetivo era precisamente tratar el tema del TLC, ni el presidente Uribe, ni su ministro de comercio, ni el Negociador se hayan manifestado acerca de las múltiples preocupaciones de los colombianos en los más variados campos frente a este tratado.

La única mención que hacen tan altos dignatarios es a la agricultura y ello porque, como admite el Informe, ha habido un movimiento social en contra del tratado que “el gobierno está tratando parar”.

Brillaron por su ausencia en dicha reunión las preocupaciones del gobierno frente a temas capitales para el bienestar de los colombianos como son por ejemplo, las pretensiones de Estados Unidos en propiedad intelectual que representarán serios costos para la salud pública y la biodiversidad. Tampoco el gobierno se pronunció sobre la industria o sobre la exclusión de las garantías al inversionista extranjero en caso de daños causados por el conflicto interno, y mucho menos sobre la necesidad de preservar nuestra política macroeconómica, la cual se restringe en el capítulo de Inversión al imponer a perpetuidad un esquema de política basado en la liberalización de la cuenta de capitales, pues el TLC elimina las posibilidades de regulación de ésta a más de un año.

Tampoco se dice una palabra sobre la delicada materia de la preservación de nuestra cultura y del empleo y el manejo de medios de comunicación tan importantes como la televisión. No; esos y otros múltiples intereses de los colombianos industriales y de otro orden que escapan a esta nota brillaron por su ausencia en el encuentro gubernamental con los delegados del congreso de Estados Unidos.

Este documento constituye un testimonio para la historia quien se encargará de juzgar la actuación del presidente Uribe en esta entrega “Express” de los intereses de los colombianos a los “comprehensivos” y formidables apetitos de Estados Unidos en el TLC. No le fueron suficientes las graves concesiones hechas para la firma del ATPDEA, sino que su propósito es hacer cesiones mayores y a perpetuidad en el TLC.

En un rasgo más de su autoritarismo y en la más pura lógica antinegociadora le ha asegurado a su “gran socio” a través de los medios, que firmará el TLC contra “rayos y centellas”B y que sólo faltan “unos ajusticos que estamos pidiendo, especialmente en ese sector agrícola”.

Y el ministro Botero, ¡qué paradoja!, se atreve a acusar de desleales a tres funcionarios, verdaderos patriotas, que ante el mutismo oficial en la defensa de nuestros intereses, ellos sí supieron pronunciarse.
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1/ http://waysandmeans.house.gov/media/pdf/109cong/wmcp109-6.pdf

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