José Arlex Arias, La Verdad, Cartagena, enero 16 de 2017

Carlos Vives ha hecho popular el que podría ser el nuevo himno de la “Heroica”: “Cartagena, la fantástica”, si de verdad esta fuera una ciudad de oportunidades e incluyente para la inmensa mayoría de la población. El andamiaje publicitario que vende a Cartagena como destino turístico tropieza contra la oronda realidad. ¡El contraste es humillante! En una distancia de menos de cinco minutos podemos comprobar la parábola del “Rico Epulón y Lázaro”, en donde un reducido grupo disfruta de la opulencia mientras ejércitos de personas deambulan tratando de rebuscarse el diario vivir. Esa realidad la palpan los turistas sin proponérselo, ya que aterrizan en un aeropuerto rodeado de un cordón de miseria o ingresan a la ciudad apreciando barrios de invasión con los cambuches y humildes viviendas que retratan a seres sin esperanzas. También lo sienten cuando acuden a La Boquilla, Bocachica, Playa Blanca, Barú y los corregimientos insulares; y eso que nadie los lleva por la Vía Perimetral para que sientan la indolencia en que viven cerca de trescientas mil personas de la Zona Suroriental, a las que no prestarán atención hasta que los desalojen para entregar dichos terrenos a los potentados, a los consorcios y operadores turísticos, tal como sucedió con Chambacú y está ocurriendo con la mayoría de las islas y la Zona Norte desde la Boquilla; igual se percibe por los barrios aledaños a la Zona Industrial. Todo porque no se hace un desarrollo de la ciudad con inclusión sino al contrario, con el más acentuado exclusivismo.

 

En aras de la imparcialidad se podría alegar que así funcionan el resto de las ciudades del país, pero resulta que hay estudios que respaldan esta concepción de los cartageneros de a pie. Uno de ellos acaba de ser revelado por el Banco de la República, en su apartado de Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, y se titula: ‘La exclusión en los tiempos del auge: el caso de Cartagena’, elaborado por Jhorland Ayala García y Adolfo Meisel Roca, codirector del Emisor. La investigación hace un análisis de los indicadores socioeconómicos de Cartagena y los compara con los de otras 12 principales capitales del país y arrojó la conclusión de que “Cartagena es la segunda ciudad de las capitales del país más excluyente, 4,99, después de Cúcuta con 5,63”, en donde la más incluyente es Bucaramanga con 0,29.

 

El estudio tiene en cuenta los datos estadísticos del 2015 y para Cartagena existe un agravante: en el indicador de pobreza es segunda, en pobreza extrema es tercera, en informalidad laboral –población en rebusque– es segunda, tiene de los peores Coeficientes de Gini, siendo cuarta con 0,467 y es penúltima en cobertura de servicios públicos; al revisar los principales indicadores, nos arroja otra terrible conclusión: “Cartagena es la ciudad con la mayor exclusión social con 6,01, dentro de las trece principales ciudades del país, de acuerdo al componente principal… Lo que confirma la necesidad de políticas públicas más incluyentes que tengan en cuenta a la población más vulnerable”. El problema es que se elige a gobernantes rodeados por financistas corruptos que secuestran el presupuesto de inversión social. ¡Cartagena necesita un frente ciudadano que ayude cambiar a cambiar ese tipo de gobernantes!

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