Comenzó hoy en la ciudad de Cartagena la séptima ronda de “negociaciones” entre los Países Andinos y los Estados Unidos de Norteamérica, para la suscripción de un Tratado de Libre Comercio -TLC-. El afán del gobierno nacional para que ésta sea la penúltima ronda, es manifiesto. Aspiran a concluir el proceso de capitulaciones, que no de negociaciones soberanas, de parte de Colombia, iniciado en Cartagena, hace menos de 9 meses.
No sobra decir que un tratado como el que se va a firmar el mes entrante en Washington, compromete el futuro económico, social y cultural de nuestra nación y hasta su existencia misma, y aun así aspiran a negociarlo, todo, en tan solo 10 meses. Y tampoco sobra recordar que la primera ronda se realizó en Cartagena, en medio del uso de gases lacrimógenos, la detención de manifestantes, la golpiza a Senadores y Representantes y la conculcación de los derechos democráticos de expresión, movilización y protesta, consagrados en la Constitución de Colombia.
Durante estos nueve meses, ante los ojos de la opinión pública nacional, ha quedado clara la arrogancia del equipo negociador norteamericano y la sumisa actitud concesiva del equipo colombiano.
Estados Unidos ha exigido y conseguido la eliminación de las barreras arancelarias y cualquier tipo de protección de nuestro agro e industria, y ha logrado toda clase concesiones en el tema de la llamada propiedad intelectual. Se ve altamente beneficiado en el sector de los servicios públicos, tanto los domicilarios como los demás, pues, educación, salud, y servicios financieros y turísticos, se convertirán en bienes transables, es decir, en mercancías que sus multinacionales pueden vender en nuestro país, sin disponer incluso de sucursales establecidas en Colombia. De igual manera, a través de las normas de origen, garantizarán que las maquilas colombianas elaboren los productos con componentes norteamericanos. La situación es tan apabullante para nuestra nación que los monopolios aspiran a vender todo tipo de artículos de segunda, los llamados bienes usados.
Ante las tropelías de los negociadores norteamericanos, han levantado su voz de rechazo hasta los representantes gremiales de sectores que hace nueve meses guardaban ilusiones y esperanzas en el hecho de que se daría un buen tratado comercial que beneficiará a la producción y el trabajo nacionales. Hoy está claro que ello no será así y que la única opción posible es convocar la resistencia civil de millones de colombianos contra esta anexión económica que pretende imponernos el imperio. Por eso, oponerse al tratado es cuestión de soberanía.
Como diputado de Caldas, saludo las marchas que se realizarán en toda Colombia, convocadas por la Gran Coalición Democrática, las organizaciones sindicales, cívicas, sociales y políticas que la integran y las personalidades patrióticas que nos acompañan en el empeño de resguardar la soberanía nacional.
Oscar Gutiérrez Reyes
Manizales Febrero 7 de 2005.