Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, noviembre 22 de 2004

En tanto las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Colombia con Estados Unidos avanzan hacia la penúltima ronda a celebrarse en la ciudad de Tucson, se va confirmando que las posiciones imperiales dominan los textos definitivos del acuerdo. Esto implica enormes daños para el país en muchos órdenes, principalmente la ruina de millones de familias que viven de la producción de los géneros alimenticios cuyos cultivos desaparecerán de nuestros campos.

Estados Unidos pugna por imponer una competencia desigual a su favor, tanto al exigir que Colombia acabe con la poca protección efectiva que hoy mantiene para defender de las importaciones a algunos productos agropecuarios nacionales, como al no aceptar la eliminación de los apoyos que por decenas de miles de millones de dólares al año otorga a los suyos. Demanda la supresión de los impuestos que tiene que pagar por traer a nuestro territorio arroz, leche, trigo, cebada, maíz, azúcar, algodón, pollo, carne, sorgo, soja, avena y aceite vegetal y también la abolición de los requisitos que aún debe cumplir para vender acá sus bienes o que puedan favorecer a los colombianos. Pero, a la vez, se niega a desmontar el sistema de subsidios que le permite vender sus productos en el exterior por debajo del costo de elaborarlos y transportarlos.

Es la “ley del embudo”: a su superioridad económica -como nación más fuerte del planeta- pretende añadir ventajas ilícitas que le garanticen ir a la fija. De firmarse el Tratado de Libre Comercio en los nefastos términos en que está siendo impuesto, los campesinos, trabajadores y empresarios del sector agropecuario nacional tendrán que soportar, como nunca antes, hambre, carencias y estrechez para enfrentar en esas injustas condiciones la mayor avalancha de mercancías agrícolas y pecuarias estadounidenses.

El ministro de Comercio Exterior, Jorge H. Botero, alaba este tipo de acuerdo destacando supuestos beneficios para los consumidores al adquirir así “comida barata”. La historia de la última década lo contradice: ¿Disminuyó acaso el precio del pan, las pastas o la cerveza debido al recorte de los impuestos de aduana en ese lapso? ¿Se trasladó a los consumidores la rebaja que por esa vía recibieron fábricas extranjeras o monopolios comercializadores o importadores? ¿Privan los consorcios gringos a sus ciudadanos de las calidades superiores para enviarlas a Colombia en forma de “excedentes”?

Del mismo modo engañoso, y como remedio al desastre anunciado, se difunde que frutas y hortalizas, café, flores, banano y cacao, entre otros productos tropicales, ingresarán al gran mercado del Norte para compensar las pérdidas en cereales, lácteos, oleaginosas y cárnicos. Se engaña a la población al ocultar que dicho “acceso” se procura a muchos otros países que producen lo mismo, generándose entre ellos una feroz competencia de la que sólo salen gananciosos los norteamericanos al encontrar por la sobreoferta precios bajos para tales bienes. Los agricultores deberán entregarlos a los comerciantes a muy baja remuneración para subsistir en medio de esa estratagema. Así está sucediendo, por ejemplo, con las actuales exportaciones de derivados lácteos. En las ramas en las cuales no le mueve tal interés, Estados Unidos se las ingenia para colocar barreras técnicas y sanitarias que se convierten en murallas inexpugnables para las mercancías extranjeras.

Colombia, quedará por esa vía “con el pecado y sin el género”. Impulsará el campo a la quiebra definitiva y perderá lo que le resta de producción de alimentos, dará al traste con la seguridad alimentaria y colocará en grave riesgo la soberanía al tornarse en nación muy vulnerable que no provee de manera autónoma a su población. En resumen, será un país con una inmensa dependencia en un área estratégica para su indispensable autodeterminación nacional.

El próximo 29 de noviembre por la carrera séptima de Bogotá, desde la Plaza de Toros hasta la Plaza de Bolívar, agricultores y ganaderos de Huila, Tolima, Boyacá, y Cundinamarca harán una demostración pública y pacífica de sus productos, de los instrumentos y equipos del campo y de semovientes para que la ciudadanía recuerde lo que estamos a punto de perder y se asocie al sector rural colombiano en el rechazo al Tratado de Libre Comercio La Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria con entusiasmo y espíritu unitario se hará presente en ese evento con delegaciones que desfilarán junto con otras de distintas organizaciones alentadas en igual propósito.

Ángel María Cabalero Lian
Presidente

Aurelio Suárez Montoya
Director Ejecutivo

Ibagué, noviembre 22 de 2004

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